Lo que no estaba en tus planes

Solemos hacer planes. Hasta los más reacios a envolverse en la monotonía, siguen unos horarios: para ir a la tienda, para visitar unas oficinas, para encontrarse con otros, etc.

Quienes tenemos rutinas muy estructuradas vamos más allá. Suena el despertador, cumplimos con los quehaceres, comemos, salimos, entramos, holgamos y casi todo tiene su hora.

Los muy previsores, hasta planeamos el descanso para sacarle provecho. Por ejemplo, las vacaciones. Si viajamos, decidimos el itinerario, las actividades para cada día, etc.

Lo gracioso es que, al mirar atrás, recordamos más fácilmente lo que se salió de nuestros planes. ¿No te pasa a ti?

niño sorprendido

  • Recuerdas más el día en el que no escuchaste la alarma para despertar y te tocó salir a la carrera, que cualquiera de los días “normales”.
  • Recuerdas más la vez que fuiste a la tienda y la encontraste cerrada por reformas, que las veces que la encontraste abierta.
  • Recuerdas la vez en la que te matriculaste en un curso y lo cancelaron, más que otros cursos en los que no hubo incidencias.
  • Recuerdas más el día que perdiste el avión, que las veces en las que llegaste a tiempo para el vuelo.

Así es la cosa. Las “sorpresas” se recuerdan más que lo que sigue el rumbo previsto. Y no todas ellas son retrasos, cancelaciones o incidentes peores.

También hay alegrías inesperadas y sucesos (como los anteriores) que, aunque en su momento fueron un fastidio, después se miran con otros ojos.

A pesar de los planes, sorpresas hay y habrá. Contemos con ellas sin apresurarnos a juzgarlas. Porque así como no podemos preverlas, tampoco sabemos en qué acabaran.

¿Te ha pasado alguna vez que de una “sorpresa” aparentemente negativa surgiera una consecuencia positiva? Seguramente. Y también al contrario.

Ahí están, entre tus recuerdos. No figuraban en tus planes, pero sucedieron y seguirán surgiendo cuando menos lo esperes.

Cuenta con lo imprevisto. Cuenta con las sorpresas. 😉