Ideas para practicar la autocrítica sin hacerte trizas

Como humano que eres, en algún momento fallas. Te equivocas en el trabajo, en tus relaciones o en cualquier otra cosa que te concierna. Los errores son un peaje inevitable que pagas cuando te mueves hacia delante.

Pero los errores o el fracaso no son plato de buen gusto. Sabe mal equivocarse y, peor todavía, cuando hay testigos del resbalón.

Algunas personas se niegan a asimilar el fracaso y optan por proteger su ego con diversas estrategias: quitarle importancia, culpar a otra gente o buscar explicaciones “positivas” que minimicen el golpe.

Estas estrategias son útiles para sentirse bien a corto plazo, pero no sirven para que la persona aprenda de la experiencia y evite tropezar en la misma piedra más adelante.

La falta de autocrítica es negativa. Inflar artificialmente la confianza en ti mismo, pensando que eres genial y que las cosas, simplemente, no se dieron recorta tus posibilidades de progresar.

Además de que no aprendes del error, no te esfuerzas tanto como quien piensa que puede hacerlo mejor en adelante.

Una opción más positiva es evaluar honestamente lo que hiciste y asumir la responsabilidad de los errores.

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Es positivo ser crítico contigo mismo. Eso sí, sin hacerte trizas por haberte equivocado. Una autocrítica despiadada es tanto o más perjudicial para progresar que la falta de ella.

Cuando llegas a la conclusión de que eres un incompetente y de que tus esfuerzos son inútiles, ¿qué motivación puedes tener para seguir adelante?

Ideas para practicar una autocrítica sana

La autocrítica es un instrumento muy positivo, si se maneja apropiadamente. Y esto hay que aprender a hacerlo, como se aprende cualquier otra cosa, para no quedarte atrapado en el cepo de la culpa y la autoflagelación.

He aquí unas propuestas para practicarlas la próxima vez que estés evaluando tus posibles errores.

1. Critica comportamientos específicos que puedas cambiar

No tiene sentido que yo me culpe por aprender de manera más lenta que otras personas; por ser mayor; por mi estatura, ni por cualquier otro aspecto de mi persona.

La crítica constructiva, más que en rasgos, se centra en comportamientos. Más concretamente, en esas acciones en las que sí hay margen de mejora.

Puedo criticarme por haberme quedado viendo la tele por la tarde, en lugar de haber estado estudiando. Y, a partir de ahí, proponerme un cambio: “Hoy voy a ver la tele después de terminar con esto.”

Puedo criticarme por haber perdido los estribos en una discusión. Y, después, ver la manera de arreglarlo (pidiendo disculpas, por ejemplo) o para evitarlo en lo sucesivo (contando hasta diez antes de dejarme llevar por el coraje).

2. Asume tu parte de responsabilidad en las circunstancias

Como decía hace poco en una entrada sobre la responsabilidad, yo no tengo la culpa de desconcentrarme si, cuando estoy trabajando, la vecina pone la música a todo volumen.

No puedo criticarme a mí misma por no haber podido prever o controlar eso. Pero tampoco puedo usarlo como una excusa para dejar de trabajar en cuanto ponga la música alta la próxima vez.

Lo que sí puedo hacer es prever una alternativa para cuando vuelva a ocurrir. Por ejemplo, trabajar en otra habitación.

Hay circunstancias externas que nos empujan en una dirección o en otra, como la presión social, por ejemplo.

No podemos evitar que nos afecten. Pero tampoco podemos quedarnos totalmente a su merced, cuando tenemos el poder de tomar otras decisiones. Somos responsables de hacerlo.

3. Observa las consecuencias de tus acciones en los demás

Hay errores que no afectan sólo a quien los comete. Si yo me equivoco en un informe en el trabajo o te tengo una mala contestación, hay más personas involucradas.

Una manera de usar la autocrítica de manera muy positiva es cambiar el foco de atención. En lugar de fijarme sólo en mí, en mi error y en mi posibilidad de mejora, puedo orientar esa atención hacia la gente que me importa: Me equivoqué. Ahora, ¿qué puedo hacer por esta persona?

Así, además de aprender y mejorar (que es lo que se busca con la autocrítica), estoy cultivando buenas relaciones. Es un giro muy beneficioso, según las investigaciones.

4. Sé un amigo para ti mismo

La mayoría tenemos partes de nosotros que no nos gustan, tomamos decisiones espantosas y cometemos errores de todos los colores.

Para evitar que la crítica se convierta en un instrumento que te suma en la culpa y la vergüenza, has de aceptar que, pese a todas las equivocaciones y defectos, eres una persona valiosa.

Un buen amigo te diría: Sí, la has pifiado totalmente, pero tú puedes salir de ahí y hacerlo mejor. Y yo estaré a tu lado para ayudarte.

Ésa es la diferencia entre juzgarte a ti mismo como lo haría un tribunal de la Inquisición o como una persona que te respeta y que te quiere: un amigo. Lo segundo es mucho más saludable.

¿Qué te parecen las propuestas? ¿Crees que ayudan a que la autocrítica sea más útil? A mí sí me lo parece. 🙂

Imagen de ayoyyy