La diferencia que nos enriquece

Confía en tu criterio. Dale valor a tus ideas y a tus opiniones, porque son valiosas. Nacen de tu experiencia y de tu manera única de percibir e interpretar la realidad.

Lo anterior no está reñido con respetar las opiniones de los demás y enriquecernos con ellas, ¿no te parece?

Una idea lógica para mí, puede que para ti no tenga pies ni cabeza. Lo que para ti es importante, quizás a mí me resulta superfluo: Somos diferentes. ¿Qué tal si sacamos partido de eso?

diversidad

Algunos de nosotros entendemos este mensaje y estamos de acuerdo en la teoría. Es la práctica la que resulta más complicada.

Estás equivocado. ¿Cómo se te ocurre tal disparate? ¡Las cosas no se hacen así!

– ¿Por qué no?

Presurosa por defender mi punto de vista, he querido imponerlo más de una vez como el más adecuado, sin tomarme el tiempo necesario para entender cómo la otra persona estaba viendo el mismo asunto.

Cierto. Hay ideas mejores que otras para aplicarlas en una situación. Pero, ¿por qué van a ser siempre las mías? ¿Y si el otro ha considerado un punto que a mí se me ha pasado por alto?

En la práctica, he visto que no se puede aprender y crecer si uno concede valor únicamente a sus propias ideas.

He visto que, cuando uno se interesa en saber cómo el otro interpreta las cosas, aprende a escuchar mejor y a conectar con la gente.

He visto que, cuando uno valora el punto de vista del otro, aprende a hacer críticas más constructivas.

Quienes nos rodean se sienten respetados cuando reconocemos el valor de su perspectiva. Construimos relaciones ricas, fuertes y sanas, cuando le concedemos al otro el derecho a pensar diferente y a expresar sus opiniones.

Vale. Puede que te demuestre con pruebas que estás equivocado. O puede que descarte tu idea, porque no va conmigo.

Pero también puede ser que tu opinión me abra los ojos a un aspecto nuevo; que estimule mi creatividad o mi deseo de saber más; o incluso que decida romper mis viejos esquemas de lo convincente que me parezca tu punto de vista.

Tú, con tu historia personal, con tu forma de ser, con tus principios, con las experiencias que vives a diario… eres diferente a mí. Piensas de manera distinta.

Qué bueno sería poner esas diferencias sobre la mesa y, en lugar de que nos separen, permitir que nos ayuden a crecer.

Imagen de Historias Visuales

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