Ideas para manejar las pequeñas culpas cotidianas

Simplificando mucho, podríamos definir la culpa como ese resquemor que permanece colgado en la mente cuando hacemos algo “mal” o cuando no hacemos “lo correcto”.

Hay culpas grandes, que cuesta años superar. Y hay culpas pequeñas, que podemos sentir por cualquier error de ésos que cometemos a diario. ¿Cómo manejas tú esas pequeñas culpas?

Es natural sentir esas culpas cotidianas. A veces hacemos cosas que hieren o decepcionan a los demás o a nosotros mismos y desearíamos haber obrado de manera distinta:

  • Lanzamos un comentario de mal gusto a un amigo.
  • Se nos olvida un evento especial para una persona del entorno.
  • Pasamos la tarde jugando y no terminamos las tareas.
  • Etc.

Es poco probable que sintamos alivio si nos limitamos a rumiar el asunto. Lo más recomendable es actuar para enmendar la situación en lo posible.

En esa línea van estas ideas, que no son una estrategia que se adapte a todas las situaciones, pero sí pueden ser válidas para aliviar bastantes pequeñas culpas:

1. Baja la guardia y acepta tu error

Hay personas que no aceptan sus errores y se ponen a la defensiva, inventando excusas o echándole la culpa a otro en un intento de proteger su ego. Esa actitud no es útil para aliviar la culpa.

dos discutiendo

Lo más recomendable es aceptar el error y responsabilizarse del mismo.

2. Pide disculpas y/o restituye el daño

Si es apropiado, discúlpate con la persona afectada. Pero hazlo sólo si así lo sientes, porque las disculpas falsas pueden empeorar el problema.

Y, si puedes hacer algo que arregle o palie las consecuencias de tu error, hazlo también.

Ten en cuenta que tú no eres el único que comete errores. La persona a quien te diriges es un humano más, que lo mismo se equivoca y ha de afrontar las consecuencias.

Es probable que él/ella así lo entienda y sea receptivo a tu intento por enmendar la situación. Pero, si no es así, lo mismo es preferible que pidas disculpas e intentes arreglar el problema, que no hacer nada y dejar que se acumulen culpas y resentimientos.

3. Actúa en la dirección oportuna

Es el paso final y decisivo: Aprender del error y hacer lo apropiado de ahora en adelante.

Tanto si has hecho algo que ha fastidiado a otros, como si eres tú el ofendido y estás molesto contigo mismo, te ayudará tomar medidas para evitar, en lo posible, caer en el mismo error.

Hace tiempo hablamos de la culpa que puede sentir una persona cuando abandona por unos días un objetivo al que le ha dedicado tiempo: ¿Te sientes culpable al dejar de practicar varios días seguidos?

En ese caso, lo que alivia la culpa de esta persona es replantearse la situación y volver a la senda correcta. Quedarse anclado en la culpa no le sirve para arreglar el problema.

De eso se trata, finalmente, de asumir el error, rectificar y seguir adelante. 😉