¿Le tienes miedo al éxito?

El miedo al fracaso no es el único que puede ponerte el freno a la hora de conseguir lo que quieres. Hay otro, que tal vez sea más peligroso: el miedo al éxito.

¿Por qué es más peligroso? Porque el fracaso es plato de mal gusto para todos. Por mucho que también acarree consecuencias positivas, su lado negativo es muy visible.

No ocurre igual con el éxito. Así como el fracaso, el éxito representa un cambio, con sus consecuencias positivas y negativas.

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Las consecuencias positivas son muy visibles y deseables. Pero también están las negativas… Y a ésas son a las que puedes tenerles miedo:

  • Miedo a salirte de lo conocido y familiar.
  • Miedo a no saber cómo manejar los cambios.
  • Miedo a acaparar más atención.
  • Miedo a las críticas de otros.
  • Miedo a las envidias y recelos de otros.
  • Miedo a sentirte un fraude.
  • Miedo a la modificación de las relaciones que mantienes actualmente.
  • Etc.
El miedo al éxito es más peligroso que el miedo al fracaso, porque no eres tan consciente de que temes esas consecuencias negativas, como lo eres cuando piensas en el fracaso.

¿Cómo sabes si el miedo al éxito te ha calado?

Te preguntas qué ocurre, porqué no estás progresando en tu objetivo. Y la respuesta apunta a que tú mismo estás saboteando ese avance que podría culminar en éxito.

¿Cómo? Con conductas como éstas:

  • Procrastinas.
  • Ideas excusas para no cumplir con lo que has decidido hacer.
  • No te esfuerzas todo lo que podrías esforzarte.
  • No terminas lo que empiezas.
  • Te dices que no te mereces el éxito.
  • Te pones listones elevadísimos.
  • Empiezas muchas cosas para no tener que enfocarte en la principal.
  • No aceptas la atención que vas recibiendo.
  • No reconoces los avances que vas realizando.
  • Etc.

Veamos un ejemplo: Conseguir un ascenso en el trabajo.

Consecuencias positivas: Más dinero, más poder, mejor consideración en la empresa, lluvia de admiración de amigos y conocidos, más confianza en ti mismo, entre otras.

Consecuencias negativas: Más responsabilidad, más presión, más expectativas del jefe, menos tiempo libre, probables críticas de compañeros, necesidad de formarte para el nuevo puesto, entre otras.

Obviamente, tú quieres lograr el ascenso por sus consecuencias positivas. Pero si, subconscientemente, tu miedo a las consecuencias negativas es mayor que el deseo de las positivas, es muy probable que tú mismo te pongas la zancadilla.

¿Soluciones para este problema?

Las hay, desde luego. Empecemos por una que nos propone Steve Pavlina: Desenmascarar esos miedos inconscientes y, a partir de ahí, enfrentarlos uno a uno. Y eso comienza con la siguiente pregunta: ¿Qué pasará si tengo éxito?

Ésa es la primera sugerencia:

1. Hacer una lista con las posibles consecuencias del cambio

Con tu objetivo en mente, haz una lista con las consecuencias positivas del éxito. Una lista tan larga que, en esos días de bajón, pueda reanimarte y ponerte de nuevo en órbita hacia el éxito.

Y haz otra lista con las consecuencias negativas. Porque sí las habrá. Son la otra cara de la misma moneda. Piénsalas detenidamente.

En la lista de “contras” se manifestarán esos temores que han podido estar ocultos. Trata de que salgan muchos de ellos a la luz. Y, ya que están tus miedos expuestos, abórdalos uno a uno.

Habrá cambios negativos que podrás atenuar o neutralizar, si actúas ahora. Otros no los podrás controlar (como las reacciones de la gente, por ejemplo). Pero, al tenerlos identificados, sí podrás prepararte para aceptarlos y adaptarte a ellos.

Pavlina nos pone un ejemplo: Pierdes un montón de kilos.

¿Qué consecuencias negativas podrían derivarse?

  • El cambio sostenido en la alimentación, que probablemente suponga una restricción en el consumo de tus alimentos preferidos.
  • Otros cambios en el estilo de vida (como el hábito del ejercicio), que quizás encuentres pesados o estresantes.
  • La necesidad de renovar tu guardarropa, con el dinerito que cuesta…
  • La envidia de cierta gente.
  • La atracción de compañías indeseables (las deseables están en la lista de positivos).
  • La resistencia (o incluso el boicot) de familiares y amigos, que se resisten a verte saludablemente estilizado.

El ascenso en el trabajo, la pérdida de X kilos, el alumbramiento de un bebé, la puesta en marcha de un negocio, dejar de fumar, encontrar pareja, etc. Todos los éxitos acarrean cambios positivos y negativos.

Otras sugerencias para enfrentar el miedo al éxito:

2. Separarte de las opiniones/reacciones de los demás

  • ¿Es posible que cuando triunfes te granjees enemigos? Sí.
  • ¿Que alguien te abandone porque no le guste el cambio? Sí.
  • ¿Que te critiquen a tu cara y a tus espaldas? Sí.
  • ¿Que piensen que no tienes ni idea de lo que haces? Sí.
  • ¿Que aprovechen oportunidades para arruinar tu éxito? También.

Así como recibirás felicitaciones, cumplidos o palmaditas en la espalda, es probable que generes reacciones menos agradables. Hazlo TODO a un lado y sigue pa’ lante. Es imposible tener a todo el mundo contento.

3. Tomar el éxito como una evolución

Si lo que te preocupa es que, cuando tengas éxito, la persona que has sido deje de existir para desconcierto de tu familia y amigos, aborda el cambio como el crecimiento que representa.

Puedes conservar tu esencia. El éxito no tiene porqué convertirte en una persona radicalmente distinta. Puedes seguir siendo tú mismo, pero con nuevas facetas y matices en tu forma de ser y de vivir.

4. Aprovechar tu experiencia con los fracasos

Tienes experiencias de fracaso, como las tenemos todos. Incluso para llegar al éxito es muy probable que pases por alguno. Y, con más o menos soltura, has sobrevivido a esas experiencias. ¿Qué impide que lo hagas en el caso del éxito?

Sí, seguramente tengas que aprender cosas nuevas y vértelas con otros cambios que no te van a gustar. Pero, lo mismo que los has afrontado en la derrota, puedes afrontarlos en la victoria.

Todavía mejor. Porque lo bueno que has ganado te dará la fuerza para poder con demás.

Espero que no le tengas miedo al éxito. Pero, si es así, ponle cara a ese fantasma y no dejes que te frene. 😉

Imagen de Nomadic Lass