Procrastinación inteligente en tareas largas y pesadas

¿Procrastinación inteligente? ¿Existe tal cosa? Hay situaciones (pocas, pero las hay) en las que la procrastinación puede sernos de ayuda. Un ejemplo, éste que vamos a ver: El de las tareas largas y pesadas.

Trabajos e informes eternos como un día sin pan. Proyectos hogareños a los que hay que meter mano, pero con sólo pensar en ellos se nos encoge el estómago. Así es. De vez en cuando, nos llega una misión de este tipo.

¿Y cuál es la manera menos traumática de afrontar estas misiones? Posponerlas. Dejarlas para más adelante. (Espera. No empieces a celebrarlo.)

cansancio en el trabajo

Obviamente, si se trata de algo que necesitas terminar cuanto antes, esta idea no sirve. En los demás casos, podría ser.

Brevemente, esta sugerencia consiste en empezar el trabajo y dejarlo reposar, para que a la vuelta el progreso sea más ágil.

Esto tiene mucho sentido si con lo que tienes problema es, precisamente, con empezar. Te abruma meterle mano a un asunto tan laborioso. Y la manera de que te abrume menos es pensar que sólo vas a hacer un poquito y luego lo vas a dejar (reposar).

Si vas a hacer un trabajo escrito, por ejemplo, te movilizas antes cuando te dices que vas a tomar unas cuantas notas, a hacer un esquema, a ordenar los documentos… o cualquier otra cosa poco estresante.

Simplemente con eso, ya tienes un avance. Y, además te aprovechas de una ventaja que tienen las tareas inconclusas: tu mente se queda barajando ideas y trabajando por su cuenta en el proyecto.

Así, cuando vuelvas y te pongas con lo más difícil, avanzarás de manera más fluida.

Pruébalo con las tareas y proyectos que se presten a ello y te resulten pesados: Inicia con una acción fácil. Vuelve al cabo del rato (o de unos días) y realizas otra acción. Así, hasta que eches la bola a rodar.

Espero que le saques partido a esta técnica, si es que no la usas ya. 😉