10 Propuestas para salir de la apatía

¿Has pasado alguna vez por una temporada apática? No estás triste. No estás alegre. Nada te molesta. Nada te apasiona…

No es conveniente ignorar estos períodos, porque pueden llevarte cuesta abajo hasta la depresión. O, sin llegar a ese extremo, quizás estén indicando que estás extenuado o que te hallas trabajando por metas que poco tienen que ver con tus verdaderos intereses.

Hace tiempo hablamos de este tema, aquí: Cómo superar la apatía. Y hoy lo retomamos para apuntar propuestas que nos ayuden a salir de esa situación antes de que crezca y nos inmovilice del todo.

A ver qué te parecen…

apático

1. Míralo como un problema temporal

La apatía es un estado temporal. En estos días te sientes desganado, desmotivado o aburrido. Pero eso no tiene porqué ser así para siempre y, mucho menos, te define como persona.

2. Busca las causas

Puede que no encuentres las raíces de tu apatía, pero no está de más pensar sobre ello por si das con un punto que te sirva para arrancar.

¿Fue un fracaso, una decepción? ¿Sientes impotencia para enfrentarte a algún asunto importante? ¿Los objetivos en los que trabajas ahora son más importantes para los demás que para ti? ¿El pesimismo te ha hecho mella y lo ves todo negro?

3. Reconoce tu poder para actuar

Si das con el que ha podido ser el desencadenante de tu apatía, plantéate qué puedes hacer al respecto.

Desgrana el problema y apunta las soluciones que se te ocurran para aliviarlo o resolverlo. (Sí, es preferible que lo hagas por escrito para aclarar ideas.)

Este ejercicio te servirá para que recuerdes que tienes cierto control sobre lo que pasa en tu vida, cosa que ayuda a que la apatía comience a resquebrajarse.

4. Haz pequeñas cosas incómodas

En plena apatía no te apetece mucho movimiento y, menos aun, la novedad, pero es conveniente que desafíes a esta tirana. Una manera de hacerlo es creando pequeñas “molestias” en tu rutina diaria.

Por ejemplo: Da un paseo a media mañana (si puedes y no tienes la costumbre). Queda con un amigo para tomar un café. Elige otro itinerario en lugar del mismo recorrido de siempre… En definitiva, salte un poco de la monotonía.

5. Elige lo bueno

Otra medida asequible es tomar distancia de lo que alimente tu apatía (como la televisión o ciertas personas) y rodearte de más influencias positivas.

Quédate con lo bueno del entorno: Si notas que en un lugar estás un poquito más a gusto, ve más a ese lugar. Si hay una música que te aligera el ánimo, póntela. Si hay una persona con la que te sientes más inspirado para sacar lo mejor de ti, habla más con ella.

6. Repasa tus éxitos

Recuerda esos logros personales o profesionales que te hicieron vibrar de la alegría. Haz una lista a tu gusto con ellos (pequeños, grandes, pocos, muchos… como quieras).

Al lado de cada “éxito” escribe qué propició que te sintieras así de contento.

Por ejemplo: Esa vez que aprobaste un examen difícil. Quizás pongas al lado que fue por tu esfuerzo, por tu constancia o por tu talento con los números.

O aquella vez que salvaste a un perrito en la calle. Quizás escribas que te sentiste bien porque pudiste brindar tu ayuda, porque fue útil o porque el animal tuvo otra oportunidad gracias a ti.

De lo que se trata es de que conectes tus “éxitos” con tus valores y con los sentimientos relacionados con esas situaciones.

7. Observa tu realidad

Volviendo al presente, observa qué objetivos o situaciones de las que vives se alinean más con tus valores y podrían fomentar esos mismos sentimientos “alegres”.

Busca en tus relaciones, en tu trabajo, en otras actividades que realices… Entre todo eso, ¿hay algo que pueda despertar más fácilmente un poco de entusiasmo?

O, al menos, ¿hay una actividad o aspecto que pueda aminorar tu apatía, si le prestas un poquito más de tiempo o atención?

8. Quédate con una cosa

Basándote en la reflexión anterior, podrías hacer una lista de ideas y de intereses. Claro, lo de “intereses” es un decir, porque cuando estás apático no sientes gran interés…

Pero para eso has hecho antes la lista de tus “éxitos”; para saber qué valores te mueven y qué cosas de las que hoy haces (o podrías hacer) conectan mejor con lo que despertó tu entusiasmo en el pasado.

Ahora, elige. Quédate con un objetivo o actividad de la lista; con lo que mejor conecte con tus valores. Y, si no estás muy convencido (cosa muy natural), elige el que gustes para trabajarlo durante un tiempecito.

9. Ve paso a paso

A uno no le sobra la energía cuando está apático. Es difícil arrancar a toda máquina con un proyecto, objetivo o actividad. Y más todavía si no estás seguro de si has elegido bien y vas a seguir con lo mismo en el futuro.

¿Una solución? Dividir el objetivo en pasos muy pequeños y, si se presta, incrementar la dificultad lentamente.

Por ejemplo: Hacer ejercicio o llevar una vida más activa. Puedes empezar los primeros días por dar un paseo. Luego, vas alargando su duración. Después, caminas más deprisa. Tiempo más tarde, añades unos minutos de otra actividad física. Etc.

Otro: Relacionarte más con los amigos. Un día hablas con Fulanito. Otro, compartes una actividad con Menganito. El fin de semana siguiente, sales a una pequeña reunión. Etc.

10. Cultiva hábitos

Para salir de la apatía has de hacer cambios y pasar por pequeñas situaciones incómodas. Sí, justo lo que no te apetece.

Pero, dentro de esa incomodidad, hay maneras de hacerte el cambio más fácil y una de ellas es crear hábitos. Esto es, hacerle un hueco a esa actividad y practicarla un día… y otro… y otro.

Por eso es importante empezar por pequeñas acciones cuando el objetivo se preste a ello. Acciones pequeñas; tan pequeñas, que puedas ejecutarlas sin agonizar en el empeño. Y, una vez que están asentadas en tu rutina, subir en dificultad.

Mucha gente falla en esto de los hábitos porque se exigen mucho de entrada, porque se desesperan al no ver resultados rápidos o porque, cuando dejan de practicar un par de días, creen que han fracasado.

Entiende cómo se forman los hábitos y tendrás en tus manos una de las mejores herramientas para salir de la apatía.

Verás que, conforme vas avanzando, te sientes mejor, aunque sólo sea porque te estás probando a ti mismo que eres constante con la decisión que has tomado. Y, tanto mejor, cuando observas que progresas en una actividad que se alinea con tus valores, aptitudes e intereses.

Conclusión: Si te hallas en plena apatía y quieres salir de ahí, explora soluciones, ve despacio, construye hábitos, busca apoyos… Aunque no te apetezca, ¡actúa! 😉