El ejemplo de quienes se levantan del fracaso

Quizás hayas conocido a alguien tan afortunado, que desconozca qué se siente al perder de golpe lo que le llevó tiempo construir. Yo, hasta la fecha, no he conocido a nadie que no sepa lo que es perder a lo grande.

Es el riesgo de emprender. Quien no fracasa es porque hace pocas cosas o se queda anclado en lo seguro (cosa que a muchos nos suena a fracaso y pérdida también).

Inviertes floridos años de tu vida en una relación (en un proyecto, en un trabajo, en tu carrera… en lo que sea) y, ¡catapum!, se desmorona. No sólo le dedicas tiempo. Inviertes dinero, amor, desvelos, lágrimas, esperanzas…

Y, cuando miras las cenizas ante ti, te preguntas desconsolado: ¿Dónde fue todo eso? ¿Qué ha quedado?

construir

Esa situación no es agradable. Cuando observas en qué ha quedado “eso” (lo que sea) en lo que pusiste el corazón, es humano sentirse mal, frustrado, desolado.

Pero van pasando los días…

Después del golpe de este tipo de pérdidas, uno sigue vivo. Hay personas que no se recuperan o que les lleva muchísimo tiempo hacerlo. Otras, lo logran antes.

Quizás lo hagan porque sean más resistentes, porque hayan contado con la ayuda de otros o porque se crucen con una nueva oportunidad y se embarquen en ella.

El caso es que remontan. Dependiendo de la situación, algunas son capaces de decir aquello de: “No hay mal que por bien no venga.”

Hay que quitarse el sombrero por la maestría con la que reconectan con sus objetivos vitales y aprovechan lo que han aprendido del proyecto que se fue al garete para encontrar un nuevo camino.

Es gente que, aunque se duela de las pérdidas (como hacemos todos), con el tiempo consigue dejar atrás el pasado y mirar hacia delante, para seguir construyendo.

Estos emprendedores perdieron mucho en el fracaso. Pero no lo perdieron todo, como pareció en aquel primer momento de desolación. Conservaron latentes sus ganas de vivir, sus habilidades, sus capacidades.

Y, cuando despertaron, decidieron que los mejores años de su vida no fueron ésos que quedaron atrás, sino este momento que están dispuestos a aprovechar.

La mayoría creo que hemos conocido a personas que han fracasado y que han llorado por sus pérdidas. Ojalá que, entre ellas, conozcamos también a personas de éstas que, tiempo después del daño, logran ponerse en pie y continuar adelante. De ellas podemos aprender tanto…