3 Ideas para imponerte sobre las distracciones

Te propones trabajar concentrado en una tarea y dejar las distracciones para cuando termines. Todo va bien. Estás avanzando.

Pero, en un momento determinado, te sorprendes a ti mismo consultando el mensaje que acaba de llegarte al móvil. Agarraste el teléfono mecánicamente, como tantas otras veces. Y así fue como sucumbiste de nuevo a una de tus distracciones recurrentes.

Esto puede pasar no sólo con las distracciones más adictivas (el teléfono, las redes sociales, etc.) sino con otras tareas que te distraen de la principal: Estás avanzando en una y, de repente, se te ocurre dejarla para ponerte con otra que te apetece más.

Se trata de un hábito que cuesta romper cuando está muy asentado. Quizás no basta con decirte: “No voy a distraerme hasta que termine de hacer X.” Porque, en cuanto bajas la guardia, te ves haciendo lo mismo de siempre.

tentaciones

El teléfono está al lado. Acaba de notificar un nuevo mensaje. Sin pensarlo, interrumpes lo que estás haciendo y le echas un ojo. Estás tan acostumbrado a hacerlo que te sale solo.

¿Una propuesta? Pónselo difícil a las distracciones para que no te saquen fuera de juego tan fácilmente.

1. Mantén la “tentación” fuera de tu alcance

Antes de empezar con la tarea en cuestión, tómate unos instantes para despejar el área de distracciones. Deja cerca únicamente lo que vayas a necesitar.

¿El teléfono? Lejos. ¿Facebook? Cerrado. ¿El compañero con el que charlas? Avisado de que no vas a estar disponible en un rato. Etc.

2. Trabaja en bloques de tiempo

Es difícil mantener la concentración durante una o dos horas seguidas. Teniendo esto en cuenta, establece bloques de tiempo más cortos. Por ejemplo: 30 minutos de trabajo ininterrumpido.

Después de esos 30 minutos, puedes darte 5 ó 10 minutos para recobrar ímpetu (estirarte, ir al baño, intercambiar un par de frases con el compañero, etc.)

Dividir la sesión de trabajo en bloques es más fácil y productivo que pretender trabajar todo el rato seguido distrayéndote lo menos posible.

3. Asigna huecos a tus distracciones frecuentes

Si dichas distracciones tienen que ver con el trabajo (como responder e-mails o llamadas) y está en tu mano moverlas, asígnales un hueco para que no se entremezclen con otras tareas.

Por ejemplo, puedes agruparlas y hacer unas cuantas tareas de éstas todas a la vez antes de terminar la jornada. (Cunde más si las agrupas que si las atiendes por separado.)

Si tienen que ver poco con el trabajo (como las redes sociales o los mensajes personales), hazles un sitio en el momento del día que veas más idóneo.

 

La conclusión es que, con algo de organización y práctica, puedes imponerte sobre tus distracciones habituales. Y te conviene hacerlo, para aprovechar tanto el tiempo de trabajo como el de descanso.

¡Qué digo! Nos conviene. Vamos a practicar, entonces.