5 Señales que delatan la mentira

¿Te molesta descubrir que te han tomado el pelo? ¡A quién no! La mentira más detestable es aquella que se vierte para manipular a una persona y aprovecharse de ella.

Hay bastantes señales que delatan la mentira, pero nos vamos a quedar con 5 que son muy fáciles de recordar. Nos las apunta Rhett Power, en Inc.

Están las pocas personas que huelen el engaño a leguas, como si tuvieran un don natural para detectarlo. Y estamos el resto: las menos intuitivas en este asunto, que hemos de desarrollar poco a poco esa habilidad por la cuenta que nos trae.

Vamos al escenario. Estás intercambiando información con una persona. ¿Cómo sabes si trata de colarte una mentira?

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1. Se toca la cara, la boca o el cuello. Si conoces a la persona y sabes que estos gestos son algo natural en ella, no lo tomes en cuenta.

Pero, si habitualmente no los realiza o estás hablando con un desconocido, podrían indicar su nerviosismo.

2. Repite lo que dice. Lo mismo. Si la persona acostumbra a repetir las cosas cuando habla, el gesto dice poco.

Indica que puede estar mintiendo cuando se sale de lo habitual: Habla a una velocidad diferente, tartamudea, repite palabras o frases, como si improvisara para darle cohesión al discurso.

3. Hace pausas antes de responder. Ante tu pregunta, el interlocutor hace una pausa sospechosamente larga.

Es más evidente cuando la respuesta es fácil, simple y clara, y esta persona se toma demasiado tiempo para responderla. Quizás esté improvisando la mentira o pensando qué decir para que mantener la mentira que ha dicho antes.

4. Mira hacia la puerta… O al reloj. O a cualquier sitio. Señal de que está deseando irse por lo incómodo de la conversación.

5. No parpadea. Quien va a mentir sabe que, si no mantiene el contacto ocular, el interlocutor sospechará de él/ella. ¿Qué hace? El gesto contrario: Fijar la mirada intensamente en el otro, para deshacer la sospecha y ocultar su nerviosismo.

Ya tenemos ahí algunos gestos para acostumbrarnos a observarlos en situaciones en las que estemos en riesgo.

Personalmente, no creo que debamos darle tanta importancia a que nos mientan de vez en cuando. Por diversas razones, todos mentimos alguna vez.

Tú no serías honesto con un acosador que te pregunta a qué horas sales del trabajo, ¿o sí? Y puede que tampoco digas la verdad cuando tu niño, por accidente, te dé un mazazo con un bate en la entrepierna y te mire consternado:

– ¿Estás bien, papá?

Sí, hijo, sí

No todas las mentiras implican malicia. Quizás, hemos de fijarnos en la intención de la mentira, más que en la propia mentira. Y, además, aplicarnos con la observación y la prudencia en situaciones en las que un engaño del otro sí pueda afectarnos negativamente.

No siempre nos perjudican cuando dicen una mentira. Yo puedo mentirte diciendo que vivo en una mansión junto al mar. Y, como a ti te da lo mismo que viva en el mar o en una charca, la mentira te resbala.

Hay factores que nos pondrán más fácil descubrir la mentira: Uno, como se insinúa arriba, conocer bien a la persona. Cuanto mejor la conozcamos, más fácil es darnos cuenta de que está mintiendo, a no ser que estemos ante un psicópata o un mitómano consumado.

Otro, la magnitud de la mentira. Cuanto más gorda sea, más difícil es de ocultar, tanto por el nerviosismo del mentiroso, como por el trabajo adicional para mantenerla.

Retomaremos este tema más adelante para seguir aprendiendo y practicando. Que no nos las den con queso. 😉