¿Tienes la sensación de que los días pasan volando?

¿Has tenido alguna vez la sensación de que los días pasan en un suspiro? ¿De que las semanas y los meses corren cada vez más rápido?

Esta sensación la compartimos muchos. A medida que cumplimos años, más rápido nos parece que pasa el tiempo. ¿Qué explicación tiene?

Hay expertos que apuntan a razones biológicas. Conforme nos hacemos mayores, hay cambios en el ritmo del latido cardiaco, en el metabolismo y en la temperatura corporal. Y, además, el cerebro produce menos dopamina; sustancia que influye en nuestra percepción del tiempo.

Podría ser una explicación. Por otra parte, tenemos el hecho de que, cuando somos jóvenes, la memoria está más fina. Un adolescente recuerda mejor lo que hizo o lo que aprendió los últimos años, que un adulto con solera.

A partir de los treinta, vamos recordando menos detalles y experiencias de nuestra vida corriente: “¿Dónde se han ido los últimos años?”  Pero, ¡caramba!, lo que vivimos de jovencitos no se nos olvida tan fácilmente, para bien o para mal.

el tiempo vuela

Los adultos tenemos la sensación de que el tiempo ha ido más deprisa, quizás, porque recordamos menos cosas.

Además de lo anterior, hay un factor en el que nos vamos a detener, ya que es más fácil actuar sobre el mismo: Nuestro estilo de vida adulto.

El papel de la rutina

Tal vez no debería ser así. El caso es que, a medida que envejecemos, menos cosas nuevas aprendemos y menos contacto tenemos con la novedad.

Nuestra vida se hace muy predecible. Ahorramos energía apegándonos a nuestras amadas rutinas. La mayor parte del día funcionamos “en automático”: trabajamos a tal hora, comemos a tal otra, a dormir… y vuelta a empezar.

Lo anterior es muy eficiente, ya que esa energía que ahorramos la podemos dedicar a asuntos más “importantes”.

Pero esa eficiencia tiene un precio: Si la mayor parte del día funcionamos “en automático”, menos atención prestamos a lo que estamos haciendo, a lo que acompaña la sensación de que el tiempo corre.

¡Atención!

Lo comentábamos en una entrada dedicada a las esperas: ¿Puedo hacer que el tiempo pase más rápido?

Personalmente, los días más “lentos” que he vivido fueron los seis que estuve en el hospital. Si tú has pasado algo similar, es muy probable que coincidas.

En una situación así, en la que te desespera la sensación de que el reloj no avanza, lo que funciona es distraerte: charlar con un amigo, pensar en otras cosas, etc.

Por tanto, en la situación contraria, cuando te desespera que el reloj marque las horas tan deprisa, lo que funciona es exactamente lo opuesto: prestar más atención al momento presente.

parar

¿Cómo lo hacemos? Recopilemos algunas sugerencias que ya hemos comentado otras veces:

Yendo más despacio: A más prisas, mayor es la sensación de que vamos apurados de tiempo.

Realizando tareas de una en una con la intención deliberada de prestar atención. Eso es más fácil cuando no mezclamos la tarea (comer, pasear, trabajar, conversar, etc.) con otras y recortamos en distracciones.

Saboreando pequeños detalles cotidianos: Sí, ésos que, de tanto repetirse, han dejado de impresionarnos: el sabor del café, la risa de un niño, la luz del amanecer…

¿Y qué pasa con la rutina?

La rutina es nuestra amiga. Hay aspectos de nuestra vida que funcionan muy bien así, “en automático”. Qué tortura sería decidir cada día cuál es la mejor hora para lavarse los dientes, por ejemplo.

Por tanto, podemos usar las rutinas en nuestro beneficio. Pero, para evitar vivir como máquinas programadas para ejecutar cada día los mismos movimientos, también es necesario que le dejemos un espacio a la novedad.

Nuevos lugares, nuevos sabores, nuevas palabras, nuevas ideas… Cumplir años no es impedimento para enriquecernos con nuevas experiencias.

Además, la novedad incide en nuestra percepción del tiempo. ¿Te has fijado en que, cuando visitas un lugar nuevo, parece que el tiempo va más despacio? ¿Has visto que suelen recordarse más fácilmente los primeros días de vacaciones que los últimos?

Lo nuevo hace que estemos más atentos. Por lo que salirnos de tanto en tanto de lo familiar sirve para frenar a ese reloj que corre desbocado (o para sentir que lo estamos frenando, más bien).

Concluyendo: Prestar atención a lo que sucede y “especiar” los días con novedades son maniobras a nuestro alcance para alejarnos de la sensación frustrante de que el tiempo se nos está escapando de las manos. ¿No te parece?

Comments

  1. Angel jose says:

    Muy bueno el articulo, es cierto cuando somos más jóvenes estamos esperimentando cosas nuevas y deseando que lleguen otras y poniendo fechas y proyectos, luego conseguidos nos relajamos , que tampoco esta nada mal , es bueno estar en movimiento hacer y aprender cosas nuevas siempre, no limitarnos dentro de nuestras posibilidades, hablo desde mi punto de vista gracias por estos artículos que nos enseñan mucho. Y a comprender la vida y vivirla mejor.

    • Casandra - TBM says:

      Gracias a ti, Angel. Sigamos aprendiendo y haciendo cosas nuevas. Estamos en el mismo barco. 🙂