El buen hábito de la gratitud

Una persona realiza una acción que repercute en tu vida de manera positiva. Un favor, tal vez. Al pensar sobre dicha acción, notas que emerge la alegría y una sensación cálida de aprecio.

A eso que se siente es a lo que llamamos “gratitud”; sentimiento de sobra conocido por la mayoría de nosotros y que, de tanto en tanto, solemos experimentar.

Además de agradable, el sentimiento de gratitud es beneficioso, según han ido demostrando los estudios realizados al respecto.

Considera estos beneficios a modo de ejemplo:

  • Mejora el estado de ánimo al instante.
  • Mejora las relaciones, ya que es probable que te sientas más unido hacia esas personas en quienes reconoces el aporte positivo que realizan en tu vida.
  • Mejora la autoestima, cuando diriges ese sentimiento hacia tus propias cualidades y acciones.
  • Aumenta tu capacidad para salir adelante en circunstancias adversas.
  • Mejora tu salud física. (Sí, la física.) Una consecuencia natural de disfrutar más de lo bueno que forma parte de tu vida.

momentos felices

Admitámoslo. Es más fácil estresarse o preocuparse, dejándose llevar por lo que hoy no funciona, que pararse a hacer recuento de lo bueno.

“Lo bueno” no molesta. “Lo malo”, sí. Por eso dedicamos más tiempo y energía a pensar sobre ello, mientras que lo bueno pasa inadvertido. ¿No sería sensato y saludable intentar que se equilibre un poco la balanza?

Que reconozcas y aprecies lo bueno, no implica que ignores por completo tus problemas o que le quites toda la importancia a lo que va mal.

Lo que supone es poner un poco de equilibrio. Esto es: NO olvidar lo bueno.

  • Apreciar los gestos de tus amigos, de tu familia, de gente que comparte cosas positivas.
  • Apreciar tus cualidades, tus habilidades, tus esfuerzos cotidianos.
  • Apreciar las oportunidades que surjan.
  • Apreciar lo bueno que tiene el entorno en que vives.
  • Etc.

Y, cada día, apreciar esas pequeñas cosas que lo endulzan: Una sonrisa, un chiste, una buena noticia, un precioso atardecer, etc.

La pregunta es: ¿Cómo? ¿Cómo nos acostumbramos tú y yo a prestar atención a lo bueno para que nos llene de energía?

Y la respuesta es: Practicando. Lo mismo que cualquier hábito, éste se adquiere con la práctica.

Hay quien usa un diario, un cuaderno, un blog o cualquier otro registro donde va dejando constancia de lo bueno: lo que ha hecho, lo que otros han hecho por él/ella, lo que ha sucedido, etc. Es una buena costumbre.

Los más visuales pueden acostumbrarse a hacer fotos, para darle buen uso a la cámara del móvil. A buen seguro volverán a sonreír cuando le echen un vistazo al álbum y recuerden esos momentos cotidianos que retrataron.

Otra, muy recomendable, es decirles a esas personas que forman parte de nuestra vida lo mucho que apreciamos que estén en ella.

Cosa que se puede practicar no sólo cuando nos hacen un gran favor, sino por detalles de su parte que nos hagan la vida más agradable o, simplemente, por estar ahí, compartiéndola con nosotros.

El caso es prestar atención, para que lo bueno no sea eclipsado por lo malo que vaya saliendo al paso. ¿Cómo te las ingeniarás tú hoy para reconocer y apreciar esas cosas buenas?

Como quieras, pero hazlo por ti y por tu bienestar. 😉

Imagen de Nina Matthews