Hay un gran problema a la vista

Vas por un camino. Divisas un obstáculo en la lejanía. A medida que te acercas, lo ves más grande.

Con los problemas o los retos suele pasar lo contrario: Los ves en la lejanía como colosos intimidantes. Y, a medida que te acercas o que los vas atravesando, dejan de parecerte tan enormes.

Tenlo en cuenta. Esto puede ocurrir con un problema que te intimide. ¿Y si lo estás viendo más grande de lo que es?

Después de todo, el tamaño de un problema depende de ti. Por su cuenta, el problema no es “grande” o “pequeño”. Eres tú quien lo califica.

mirando al futuro

Si crees a pies juntillas lo que te dice el miedo, el problema va a adquirir proporciones monstruosas. Es tu imaginación la que lo hace tremendamente grande.

La manera de achicar un problema es ocuparte del mismo en cuanto puedas. Planear y actuar pronto.

Una vez que estés inmerso en el problema o, mejor dicho, en solucionar el problema, es muy probable que descubras que no era tan monstruoso como pintaban tus preocupaciones.

Obsérvalo en tus propias vivencias. ¿Cuántas veces has renegado de enfrentarte a un gran problema y, una vez que te has ocupado de él, ha ido pareciéndote más manejable?

Muchas veces, el esfuerzo que haces intentando huir o evitar una situación difícil es mayor que el que necesitas para afrontarla.

Es un esfuerzo mayor, más pesado y no tiene ninguna recompensa. El que haces para solucionar el problema, es más probable que la tenga.

Así que, ¡adelante! A priori, no te dejes intimidar por el tamaño de un problema. Trabaja para resolverlo en lo que esté en tu mano.

Puesto a imaginar, que la imaginación trabaje a tu favor. ¿Te imaginas el descanso de quitarte el problema de en medio?