El objetivo que comenzó siendo un sueño

¿Tienes un sueño, una ilusión, un deseo, la esperanza de un cambio a mejor? Enhorabuena. En la imaginación es donde nace cada objetivo.

Desafortunadamente, en la misma imaginación es donde suelen morir muchos de ellos, si falta la acción que los vuelva realidades.

No es tu caso. Te planteas que ese sueño puede ser un objetivo alcanzable. Ya que, además de verte a ti mismo alcanzándolo, puedes imaginarte trabajando por él.

Te ves haciendo un plan. Te ves dando los primeros pasos. Te ves cumpliendo etapas hasta traspasar la línea de llegada. Ya puesto: ¿Te ves también superando los peores momentos del recorrido?

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  • ¿Te ves tropezando?
  • ¿Te ves recayendo?
  • ¿Te ves desalentado por unos pobres resultados?
  • ¿Te ves resolviendo imprevistos desagradables?
  • ¿Te ves cansado o desmotivado?
  • ¿Te ves trabajando por ese objetivo en días en los que quisieras ocuparte de otras cosas?

Imagínatelo. Porque algo de lo anterior es muy probable que ocurra.

Imagina “lo bonito” de llegar a la meta, para motivarte. E imagina también los posibles obstáculos que encontrarás, para tantear hasta dónde llega tu determinación.

¿Qué estás dispuesto a superar para lograrlo?

Mírate resolviendo situaciones complicadas. Mírate remontando de las caídas. Mira tu esfuerzo sostenido. ¿Puedes verte en esos escenarios?

No sabes qué problemas encontrarás ni, por tanto, cómo vas a resolverlos todos. Pero, sí te ves haciendo frente a diversos obstáculos y decidido a superarlos.

Entonces, la meta parece más cercana. Pues no sólo te imaginas trabajando por tu objetivo en los días en los que el avance es propicio, sino también en los días más complicados.

Tu sueño ya no es un sueño. Ahora es un objetivo real con el que estás comprometido. Y lo que sigue es lo más emocionante: HACER que ocurra.

¿Vas a empezar ya? ¿Por qué no?

Imagen de Pensiero