Ya has terminado. Pon el punto final.

¡Hala! Ya has terminado con una de las tareas de tu lista. ¿Qué haces a continuación? ¿Te pones en un visto y no visto con la que sigue?

Hace poco, hablamos sobre lo productivo que es dejar un poco de espacio entre las tareas, para reponer energías y favorecer la transición entre una y otra.

En esa transición vamos a situarnos. Más bien, en el mismo momento en el que terminas la tarea. Piensa en la que quieras. ¿Hacer las compras, por ejemplo?

Llegas de la tienda y terminas de colocar el último producto de la bolsa en la estantería correspondiente. Ya está. Fin. A esa tarea le seguirá la de adecentar un poco la cocina.

fin

Pero, un momento. Espera. Haz esa breve transición, aunque sea para recobrar el aliento. Y la transición comienza por…

Reconocer que has terminado la tarea

Tomarte unos instantes para dar por clausurada una tarea tiene más importancia de la que parece.

Primero, para revisar lo hecho. Ésa es la manera de extraer las lecciones que te deja la experiencia.

En el ejemplo de la compra, piensas que el próximo día irás una hora antes, para evitar las colas en la caja. O que ya no vas a comprar ese producto que venías consumiendo, ya que últimamente ha desmejorado su calidad.

En cualquier tarea que hagas, si al final haces balance de lo que ha ido bien o no tan bien, aprendes para la próxima.

Segundo, para darte tu reconocimiento. Si paras un segundito para reconocer que has terminado una tarea importante, cuando llegue el final del día, podrás recordar más fácilmente en qué has invertido tu esfuerzo de hoy.

No sé tú, pero yo duermo mejor con la satisfacción de haber dejado hechas unas cuantas cosas.

Y tercero, para recortar en estrés. Puedes comprobarlo: cuanto más corres, más te estresas. De vez en cuando, bien está poner en turbo. Pero ir con prisas por costumbre hace estragos en la salud.

Ahí queda la propuesta: Cuando termines una tarea con enjundia, detente un poco para tomar conciencia de lo que has hecho. Aprécialo.

Imagen de johnwilliamsphd