Cambiar el hábito de fijarse en lo negativo

¿Conoces a alguna persona que tenga la costumbre de resaltar sólo el lado negativo? Probablemente conozcas a unas cuantas, unas más aferradas que otras.

Es gente que habla de lo que le parece mal, de lo que no es justo, de lo que no le gusta acerca de otras personas o de sí mismos, de lo caro que está todo, del horrible tiempo que hace, etc. La lista puede seguir hasta el infinito.

No es que digan mentiras o necedades. Es que se centran en lo negativo y rara vez salen de ahí, como si estuvieran atrapados en una especie de cepo del que no pueden liberarse.

Y no, no es un cepo. Es un hábito como tantos otros. Uno, que suele aprenderse en los primeros años de la vida y que, conforme la persona va haciéndose mayor, se asienta de tal modo que se vuelve automático encontrar lo negativo y destacarlo frente a lo demás.

negatividad

Para quien está acostumbrado a fijarse en lo negativo, esto es lo “normal”. Ver el lado positivo de las cosas es más forzado. Tan forzado, que cuando llega una persona que tiene el hábito de ver lo positivo, se siente incómodo o incomprendido.

Ésa fue mi experiencia, al menos. Yo me crié con el hábito de ver lo negativo en todo: en mí, en los demás, en las circunstancias próximas, lejanas e interplanetarias. Era una perla de la negatividad.

Mis conversaciones con personas optimistas no eran satisfactorias cuando las cosas negativas que yo decía las rebatían con respuestas positivas. Porque, más que soluciones o interpretaciones alternativas, lo que yo quería era que se sumaran a mi causa.

Quería que me confirmaran que hacía un frío espantoso, que el profesor se había lucido poniendo un examen tan difícil… y que nos desahogáramos a gusto. Pero nada. Ellos estaban en otra onda.

Con el tiempo, me di cuenta de que yo también podía aprender a mirar e interpretar la realidad de un modo diferente al que había sido el habitual.

Quise cambiar; cosa que ha llevado bastante tiempo. Y, poquito a poco, he ido volviéndome más positiva, más optimista.

Las conversaciones han dado un giro. En mi entorno siguen las personas de quienes “mamé” la negatividad, con quienes conversaba cómodamente acerca de todos los males.

Y ahora me siento incómoda al hablar con ellos; me desgasto más, lo paso peor, porque mi manera de ver las cosas ya no es la misma. Supongo que a ellos les pasa igual. Ya no se sienten tan bien comprendidos como antes.

Cuando aprendes a ver el lado positivo de las cosas, no es que ignores lo malo o lo que no funciona. Sabes que está ahí.

Pero, en lugar de quejarte, piensas en si puedes hacer algo para mejorar la situación. Y, si no puedes, aceptas lo que hay, y diriges tu atención hacia otras cosas sobre las que sí puedes actuar.

Hay muchas cosas que no funcionan como quisiéramos. Se apartan totalmente de lo ideal, rompen con nuestras expectativas. Y, cuando ocurre, es un error quedarse atascado, oponerse, quejarse o patalear. Porque nada de eso va a cambiar la situación que sea.

Lo que sí puede cambiarla es la manera de verla. Si la miras y la interpretas de un modo distinto, tendrá un nuevo significado para ti. Pensarás sobre ella de un modo distinto y, por tanto, te sentirás de un modo distinto.

Una persona con el hábito de verlo todo negro, ¿puede acostumbrarse a mirar las cosas de otro modo? Sí, claro. Poquito a poco, pasito a paso. Cayendo un día y otro… y volviéndolo a intentar. Es sólo cuestión de práctica.

Imagen de camil tulcan

Comments

  1. muy buen post!