¿Cumples las promesas que te haces a ti mismo?

Te prometí que iba a cumplir con lo que me pediste. Tú quedaste contento y tranquilo, al poder descuidarte del asunto. Pero llegó el día de la verdad y yo aparecí con un: “Lo siento. No voy a poder.”

¿Qué sentiste en ese momento? Tal vez, ganas de llamarme de todo menos bonita, junto a la inevitable decepción.

¿Qué tal que, más adelante, me das una nueva oportunidad y vuelvo a hacer lo mismo? ¿Y si falto a mi promesa una tercera vez… y una cuarta?

Naturalmente, acabarás fiándote muy poco de mí. Las promesas que se rompen, también rompen la confianza.

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Eso mismo pasa con las “auto-promesas”. Supongamos que me hago cualquiera de éstas:

  • Prometo volver a hacer ejercicio regularmente a partir de mañana.
  • Prometo dedicar más tiempo a las personas importantes de mi vida.
  • Prometo ahorrar todos los meses.

Si fallo en la promesa que me haga a mí misma, sentiré esa misma decepción que tú sentiste conmigo. Y, desde luego, menos confianza en mi propia palabra.

Quizás muchos de nosotros nos tomamos más en serio las promesas que les hacemos a los demás, que ésas que nos hacemos a nosotros mismos. Mala cosa.

Las promesas que te haces a ti mismo son tan importantes como las promesas que les haces a los demás. ¿O es que tú eres menos importante que el resto?

Lo bueno de saber lo anterior es que podemos ser más cuidadosos a la hora de formular esos compromisos:

  • Ser realistas. Y prometer lo que verdaderamente podemos cumplir.
  • Dejarlo claro, como cuando le prometemos a otra persona que realizaremos una acción determinada, en tal día y a tal hora.
  • Hacer de ese compromiso una prioridad.
  • ¡Y cumplirlo!

Haciéndolo así, nos acostumbramos a ser honestos e íntegros con nosotros mismos, con lo que va aumentando la confianza en nuestra propia persona.

Seguramente, no es buena idea prometerse a sí mismo lo que está muy, muy lejos de su alcance. Pero sí lo es formular compromisos asequibles:

  • Prometo hacer diez minutos de ejercicio. (Y cumplir.)
  • Prometo dejar de trabajar a las cinco para ir a casa de mi madre. (Y cumplir.)
  • Prometo ahorrar 10 euros este mes. (Y cumplir.)

Cumplir con lo que nos decimos que vamos a hacer, además, nos ayuda a seguir con esa buena costumbre, también en lo que prometemos a otros.

¿Y el bienestar que se experimenta, dónde lo dejamos? ¿A que sabe bien cumplir con la palabra que das?

 

Ya ves. Otro pequeño recurso a nuestro alcance para sentirnos bien y tener más confianza en nosotros mismos: cumplir lo que nos prometemos.