3 Ideas más para cuando la motivación te abandona

Tus cosas las puedes hacer con motivación o sin ella. Pues sí. Pero hay que ver lo duro que resulta hacerlas con las emociones negativas empujando en contra.

El mismo trabajo que harías motivado, sin motivación es más cansado. A días, hasta los cabezones que le hacemos poco caso a la motivación, tiramos la toalla de lo extenuante que resulta.

Para qué dar tanta importancia a esos días… Todos los tenemos. Es más, podemos aprovecharlos para hacer unos cambios que sirvan para sentirnos “menos mal” a la hora de hacer lo que nos hemos propuesto hacer. O, por qué no, para despertar la motivación dormida.

¿Qué cambios? Ahí van tres propuestas.

tres

1. Añade actividades placenteras a tus días

Las actividades placenteras pueden servir de recompensa para terminar lo que no te apetece: “Voy a terminar esto. Y, después, ¡a ver una peli!

Pero, al margen de eso, es necesario que cada día haya ratitos de disfrute, para descansar de la obligación y recargar baterías. Si no los hay, tarde o temprano llegas a un punto de desgana y agotamiento.

¿Cuáles son tus actividades preferidas para animarte o desconectar? Salir con los amigos, el deporte, un hobby…

No dejes el descanso y las alegrías sólo para el fin de semana. Aunque los días de diario estén más llenos de deberes, dedica al menos unos minutos a pasarlo bien y a “perderte” en ese momento.

2. Busca maneras alternativas de hacer lo de siempre

Desempolva tu lado creativo, a ver si se te ocurre una manera de hacerte más entretenida (o menos engorrosa) la tarea que más rabia te da.

Es difícil apuntar ideas concretas, ya que dependerá de la tarea en cuestión y de tus preferencias personales. Por ejemplo, a mí la motivación me abandona totalmente a la hora de ir de compras: La tienda llena; esperar en la caja… ¡Qué flojera!

¿De qué manera me lo pongo más fácil? Ésa es la pregunta del millón. Siempre podemos experimentar. Y, salga bien o salga mal el experimento, la tarea se hace más llevadera.

En lo de la compra, opto por ir a tiendas determinadas y a las horas en las que hay menos gente. Sigue sin gustarme ir a comprar, pero ya no me fastidia tanto.

3. Recuerda el propósito de la tarea

Todos hacemos tareas que no nos gustan, pero las hacemos por una buena razón. ¿Cuál es?

Decir: “tengo que poner la lavadora”, suena a que alguien ha venido a ordenarte que pongas la lavadora, cosa que te sienta fatal cuando podrías estar echando la siesta.

En realidad, no es que “tengas que” poner la lavadora. Es que “tú quieres” poner la lavadora, para que la ropa quede limpia. Y bien que te quedas a gusto cuando la recoges fresca y perfumada, y la canasta de la ropa sucia está vacía.

Lo mismo pasa con todo lo demás. Recordar los motivos por los que tú QUIERES hacer tal o cual cosa (por pesada que resulte) te ayuda a ver lo que tienes delante de un modo diferente.

Como cada uno de nosotros es distinto a la hora de encarar las actividades del día, seguiremos apuntando ideas. De momento, no está mal recordar éstas tres. ¿Te sirve alguna?

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  1. Formidable