Paciencia: Practica con lo pequeño

Un día te das cuenta de que no es saludable tomarse en serio los pequeños fastidios cotidianos. Y adoptas una serie de decisiones para ahorrarte el malestar “extra”.

Comienzas por reducir el número de quejas por el mal tiempo, por perderte un día tu programa de televisión favorito, por perder un calcetín y minucias del estilo.

Cuando estás a punto de abrir la boca para expresar tu indignación, te frenas y no te cuesta demasiado trabajo hacerlo: “Paciencia. Son cosas que pasan…”

Sigues realizando pequeños cambios. Por ejemplo, conservar la calma en situaciones que suelen ponerte nervioso: esperar en la caja del súper, escuchar un chiste ofensivo o volver a casa y encontrarte la cocina patas arriba, después de que la hubieras dejado limpia antes de irte.

Continúan molestándote esas inconveniencias y muchas más. Pero, en lugar de sucumbir al impulso de la rabia, optas por dejar que te resbalen estupideces como la del chiste o por dialogar con el responsable del destrozo en la cocina, para que se haga cargo del asunto.

pequeña gota

Y, ya que ejercitas un poco la paciencia para con los demás, decides emplearla también contigo mismo. ¿Cómo vas a dejar atrás a tu persona, que es la que hace posible todos estos cambios?

En lo que realizas habitualmente, introduces otros pequeños cambios para reducir el “malestar”. Por ejemplo, dejar de darle tanta importancia a errores de poca monta.

Cuando te equivocas, te recuerdas que eres humano y arreglas la situación, si es posible.

¿Dónde van a parar estos pequeños cambios?

Ese entrenamiento en las pequeñas cosas, que son fáciles de manejar, se hace visible ante pruebas más complicadas.

Un problema gordo hace su aparición. Te desestabiliza al inicio. Pero lo enfrentas de manera más sosegada, porque antes te has entrenado con las pequeñas inconveniencias.

Otro día te ves metido en un conflicto serio con otras personas. Observas que no pierdes los papeles a primeras de cambio, porque ya has practicado con los rifirrafes cotidianos.

Y llega el día en el que cometes un error garrafal. Probablemente, te costará menos asumirlo y resolver el lío, en tanto que ya tienes práctica con líos menores.

Practicando con lo pequeño vas ganando tablas para afrontar asuntos mayores… con paciencia.

Pensar que tú comenzaste a hacer estas pequeñas cosas de un modo distinto para recortar el malestar. Y resulta que esos cambios en lo cotidiano fueron dotándote de recursos para afrontar situaciones más difíciles.

Qué buena ganancia, ¿no?

Imagen de Neal

Comments

  1. Creo que tienes toda la razón (como siempre, ja ja ja).

    A veces pienso que me hago mayor, porque las cosas que antes me afectaban mucho, ahora las encajo con más facilidad y puedo seguir sonriendo, que es lo que cuenta. Supongo que he ido “entrenando” en pequeñas cosas y luego puedo ver resultados serenos en las medianas (cosas gordas me han pasado pocas, gracias a Dios).

    Aunque comente poco, me encantan estas pildoritas de buen rollo que vas soltando en el blog. Me alegras la mañana.

    Besos.

    • Casandra - TBM says:

      Muchas gracias, Amelia. A mí me ha pasado como a ti. Será que nos estamos haciendo mayores. 😆 Algo de bueno tiene cumplir años. 😉
      Feliz día. Besotes!