Una ventaja de caer mal

Gustarle a todo el mundo es una misión imposible. Creo que la mayoría nos hemos dado cuenta de esto.

Hay millones de criaturas en el mundo. Y, por mucho que te “perfecciones”, habrá características y acciones tuyas que repelerán a personas diversas.

A unos les caes mal porque hiciste algo que les molestó. A otros, porque, después de tratarte un poco, no sintonizan con tu forma de ser o de pensar. Y a otro conjunto le repeles a primera vista: por tu look, por tu risa escandalosa, por tu forma de caminar…

Antes de saber esto, cuando te das cuenta de que le caes mal a alguien tiendes a pensar: ¿Por qué será? Y buscas la explicación en el lugar incorrecto, es decir, en ti mismo: ¿Tendré algo de malo?

Pero, con el tiempo, te haces a la idea de que no gustarle a ciertas personas tiene que ver con ellos más que contigo. Al menos, buena parte de las veces.

malas críticas

Eso es lo que me ha pasado a mí. Aunque creo que últimamente he subido un peldaño más de esa escalera.

Por ejemplo, en ocasiones me encuentro con una señora a quien saludo por cortesía. Y ella (ignoro la razón) se comporta hacia mí de una manera hostil.

Unos días, me devuelve el saludo. Otros, ignora mi saludo y me vuelve la cara. Otros tantos, me hace algún comentario incómodo refiriéndose a mi atuendo… y a poco más, ya que no nos conocemos.

Hace muchos años le habría dedicado tiempo a pensar: ¿Qué puede haber de mí que le moleste? Y, seguramente, se me habría ocurrido una razón o más de una.

Después, fui dejando la costumbre de hacerme esas preguntas. Ella sabrá porqué le caigo mal. Se acepta como es y punto.

Pero ahora, desde el tercer peldaño, además de aceptar que le soy antipática, le encuentro una gran ventaja: Más tiempo para compartir y espacio en mis pensamientos hay disponible para la gente que me importa y para mí misma.

¿Te imaginas cómo sería gustarle a todo el mundo? Todos ellos, fascinados con la idea de conocerte mejor y de pasar más tiempo contigo… Para mí sería un poco agobiante. No sé en tu caso.

Prefiero dedicar mi tiempo y mis pensamientos a la gente (mucha o poca) que quiere compartirlos o a conocer gente nueva. Y dejar ir a quien le caigo mal.

¿Para qué darles mi atención? ¿Para qué esforzarme en que cambien de idea? Si no me conocen y ya me tienen atravesada, ¿qué podría hacer para congraciarme con ellos? ¡Bah! Tiempo malgastado.

Espero que tú, al fin, hayas dejado de “sufrir” por no ser del agrado de ciertas personas. Tal vez, hasta estés un escalón más arriba que yo y todo. 😀

Comments

  1. Sergio Bustamante says:

    Casualmente esto me ocurrió ayer en un bar… la mayoría de veces me gusta compartir con la gente e interesarme en conocerlas, sin embargo me he topado con quienes apenas y demuestran interés por saber que existo y estoy respirando ahí a su lado. Pero bueno, sin arrogancia o prepotencia… ellos se lo pierden jajaja, saludos y ofrezcamos lo mejor de nosotros 🙂

    • Casandra - TBM says:

      Sí, ellos se lo pierden. 😀 Mientras haya personas que quieran compartir con uno, es absurdo dar más atención a quien no está interesado. 😉
      Gracias, Sergio!