El buen momento que te perdiste

Perdiste la oportunidad de un viaje al que te habría encantado ir. No asististe a la fiesta del fin de semana. Tus amigos conocieron a una persona interesante y, ¡oh no!, te lo perdiste también.

Además de éstas, te perdiste (y te perderás) unas cuantas alegrías. Muchas. ¿Te entristecen las oportunidades de pasarlo bien que no aprovechaste?

No hay razón para ello. Por una cosa o por otra, todos nos vamos a perder eventos alegres. Quizás, es preferible que pensemos más en las oportunidades venideras que en las que ya pasaron.

Por delante hay un abanico de posibilidades. Algunas de éstas, tal vez sean mejores que muchas de las oportunidades que lamentamos haber desaprovechado. Quién sabe.

oportunidades

Pensar en lo perdido y regodearnos en la decepción, hace que no veamos las oportunidades que podemos cazar o construir en lo sucesivo. Y, además, nos quita espacio para saborear las pequeñas alegrías cotidianas.

Porque, además de lo grande (viajes, fiestas, éxitos estruendosos), podemos disfrutar las pequeñas cosas cotidianas.

Ahí están los grandes y los pequeños momentos felices. Vienen hilados. Se suceden con los días y tendremos la ocasión de elegir cuáles aprovecharemos y cuáles dejaremos pasar.

¿Te has perdido unas cuantas alegrías? Yo también. Pero, ¿qué tal si nos concentramos en las posibilidades de este día y en esos eventos que nos ilusionan y están por venir?

Buena parte de esas alegrías las construiremos nosotros o las descubriremos entre lo que nos rodea. Estemos atentos.