Busca la manera de hacer lo que quieres

Creo que todos conocemos a alguien que tiene un objetivo rondándole la cabeza y no se decide a perseguirlo porque una excusa lo detiene:

  • No tengo tiempo.
  • No es el momento.
  • Se me da mal.
  • Si fuera más inteligente…

Es cierto que hay objetivos que implican más preparación o requisitos que otros. Por ejemplo, que quieras hacer surf y vivas en un pueblo del interior. Pues, sí. Eso va a ser más complicado que si vivieras en la costa.

Pero, ¿y si, en lugar de desanimarte, planearas sus próximos encuentros con el mar? ¿Y si, además, aprovecharas su tiempo en la montaña para conocer otras actividades emocionantes?

ajustes en los planes

Pensemos en objetivos más comunes y corrientes. Hacer ejercicio para estar en forma. Todo un clásico. Las excusas para no moverse alcanzan el techo:

No puedo pagarme un gimnasio. No tengo ni idea de qué ejercicios podría hacer. No tengo ropa apropiada. No tengo tiempo… Etc.

¿Gimnasio? Tienes la calle. ¿Ejercicios? Hay libros, vídeos, etc. ¿Ropa? Con unas zapatillas que no te desuellen los pies puedes empezar. ¿Tiempo? Agarras unos minutos de aquí y otros de allá para bailarte unas canciones; vas a comprar a pie o te levantas antes para dar un paseo vigorizante de 20 minutos.

No hay una manera perfecta de hacer ejercicio. Puedes adaptarlo a tus circunstancias. Lo que sí hay y siempre habrá son excusas para decirte que no puedes hacerlo.

Pasa igual con cualquier objetivo. Si tú te dices que no puedes, efectivamente, no puedes. Y ese objetivo se quedará en el cajón con tantos otros.

¿Cómo es posible? Ese objetivo es más importante que los motivos para no perseguirlo. ¿O no?

Pues, si es así, busca la manera de hacerlo posible: Empieza con el equipo mínimo. Atrévete a cometer errores y a ser patoso en los inicios. Levántate cuando tropieces. Acepta los días de bajón. No escuches a quien te desanima (si es uno de ésos que habla mucho y hace poco).

Piensa en cómo puedes hacer lo que quieres, aunque avances poquito. Lo que importa es que te pongas en marcha, como hace cualquier persona que tiene una meta.

Todos (incluido tú) hemos empezado a hacer cosas sin tener todo el equipo o toda la preparación inicial o la inspiración para hacer una ejecución gloriosa desde el primer día. Qué va… Hemos empezado con lo que teníamos a mano, poco o mucho.

Retomemos esa frescura. Abracemos la imperfección, la incertidumbre y la incomodidad de los comienzos. ¡Y a por ello!