Deja el perfeccionismo y aligérate la vida

Eres responsable. Te tomas en serio tus prioridades y así queda reflejado en lo que haces cada día: trabajas, te ejercitas, comes sano, convives con los tuyos…

Una pregunta: ¿Disfrutas de las cosas que has elegido hacer?

Esas cosas son beneficiosas para ti. Por algo las has elegido. Pero, cuando las revistes de estrés y presión, pierden buena parte de su encanto.

Tienes un día vago en el trabajo y te reprendes a ti mismo. Otro día, te saltas la dieta. Otro, surge un inconveniente y dejas tu rato de ejercicio. Eso te molesta horrores. Brota tu lado perfeccionista, sugiriéndote que las cosas no deberían ser así… Pero así son.

Tu camino virtuoso es poco alegre: Perfeccionismo, monotonía y cansancio. Todos los días hay que hacer “esto” sin falta. Y, si no sale, mañana te esfuerzas el doble.

Con esa rigidez, no disfrutas a diario lo que has elegido hacer. Los días se tornan pesados de tanto que te exiges a ti mismo.

desconecta

Si te reconoces en el retrato, aquí tienes algunas propuestas para aligerarte un poquito la vida y ponerle un punto de alegría.

1. Recorta en estrés. Observa si te estás presionando en exceso. Ten en cuenta que ese estrés sostenido en el tiempo consume tu energía y tu motivación.

2. Suma en humor. Intenta ver el lado chistoso de lo que te salga al paso (aunque se trate de un imprevisto poco agradable). Si puedes, haz una broma. Ríe más. Juega más.

3. Disfruta hoy. No esperes a que se den determinadas circunstancias para celebrar tus progresos. El día de hoy forma parte de ellos. Disfruta de lo que hoy puedes y quieres hacer… aunque no lo hagas todo perfecto.

4. Elige tus batallas. Dosifica tus fuerzas. Pon tu empeño en lo importante y sal del paso de trivialidades que no merecen tu desgaste.

5. Acércate a la gente. A la buena, claro. Aprende con ellos. Ríe con ellos. Busca soluciones con ellos. Las relaciones con gente positiva son fuente de salud y creatividad.

Conclusión: Trabajar a diario por lo que quieres no implica agobiarse por ello. La alegría es compatible con la responsabilidad, ¿no te parece?