10 Ideas para acabar pronto las tareas que menos te gustan

¿Dejas para última hora las tareas pesadas? ¿Te gustaría que dejaran de perseguirte? Quizás te interese alguna de estas ideas.

Seguramente habrás de adaptar lo que sigue a tu estilo y, desde luego, a las tareas que más pesadas se te hagan. ¿Cuáles son en tu caso? ¿La limpieza? ¿Las gestiones burocráticas? ¿Las conversaciones incómodas?…

1. Planea. Decide qué tareas pesadas vas a hacer mañana o durante la semana. Procura que la lista NO sea larga. Y, si lo es, asegúrate de programar también actividades agradables.

Por último, asígnales un hueco. (Al descanso y lo agradable, también.)

2. Prepara el terreno. La noche anterior o en los momentos previos, recopila todos los materiales que necesites y ponlos en lugar visible: la ropa, si vas a correr; los libros, si vas a estudiar; etc.

Hay tareas que necesitan una preparación “mental”. Por ejemplo, una conversación incómoda. Para éstas, haz una lluvia de ideas o ensaya la situación.

reparaciones

3. Hazlas cuanto antes. Si es posible, elige las primeras horas del día para ejecutar estas tareas. Tres razones:

  1. Estás más fresco.
  2. Te aseguras de que se quede hecho.
  3. Te impulsa para cumplir con tus otras responsabilidades del día.

[Si lo quieres más desarrollado, aquí tienes: 5 Razones para empezar por lo más difícil.]

4. Marca el final. En tareas largas o sin final (como la limpieza) decide a qué hora vas a parar. Y respeta el límite.

5. Dedícales un día. Reserva unas horas de un día “masoquista” para hacer tareas pesadas. Uno muy bueno es el viernes, porque le sigue la recompensa del fin de semana.

No obstante, yo he elegido el fin de semana para hacer lo que menos me gusta, porque en mi caso se presta más. Agrupo las tareas domésticas ahí. El resto de los días sólo hay una pequeña dosis de trabajo doméstico, el imprescindible.

6. Usa bloques de tiempo. Divide la tarea, si se puede dividir. Haz un bloque de corrido, descansa unos minutos y ponte con el siguiente a continuación.

7. Avanza 10 minutos. Si no resulta lo de los bloques o la tarea es muy larga, dedícale sólo 10 minutos o el mínimo que estimes oportuno. Terminado ese tiempo, déjala. No muevas ni un músculo más. Mañana sigues.

Así, tu cerebro aprenderá a confiar en tu palabra. Sabe que vas a respetar el tiempo acordado y no te boicoteará para que, 5 minutos después de empezar, te levantes para ir al baño o a la tienda.

Ya que estés entrenado en esto, fijas períodos de tiempo más largos para permanecer concentrado en la tarea.

8. Presiónate. ¿Te va la marcha? Dale dinero o tu teléfono móvil a un amigo y pídele que no te lo devuelva hasta que hagas “eso” que no te gusta.

O sé tu propio instigador: Esconde el mando de la tele o tu mayor distracción y no la recuperes hasta terminar lo pendiente.

9. Hazla agradable. Si la opción anterior no te va, usa tu creatividad para endulzarte la tarea horrible: conviértela en un juego, trabaja con música, planea una recompensa que te motive, etc.

10. Ten presente lo “mejor”. Sea cual sea la tarea y el modo en que decidas ejecutarla, una de las mejores recompensas es la sensación de habértela quitado de encima.

Tú ya la conoces. Sabes muy bien qué se siente. Recuérdalo antes y durante la tarea. Estás muy cerca de sentir ese relax. ¡Manos a la obra!

Imagen de John Carleton