¿Te cuesta seguir un horario?

Has decidido elaborar un horario y cumplirlo. Vas a largo plazo. La idea no es salir de una situación, sino construir hábitos y mantenerlos indefinidamente.

Es una buena iniciativa, siempre que el horario que elabores sea flexible y que te permita disfrutar lo que estás haciendo. Así te costará menos seguirlo y, tal vez, separes la palabra “disciplina” de la palabra “sacrificio”. (No tienen porqué ir juntas.)

Vamos a imaginarnos cómo se podría construir este tipo de horario.

1. Selecciona qué va a formar parte del horario. Decide que hábitos o actividades van en tu esquema. Y decide cuáles van fuera.

Añadir cosas positivas es tan importante como quitar las que sobran. Si hay muchos cambios, quizás te interese hacerlos gradualmente.

2. Distribuye las actividades dejando espacios. Deja huecos en tu agenda, porque un horario muy apretado es difícil de mantener por mucho tiempo. Llega el día en que estás estresado, frustrado, resentido… o todo lo anterior.

Por tanto, date un margen para imprevistos, para descansos, para actividades agradables o para bajoncillos ocasionales.

agenda

3. Haz ajustes… y más ajustes. Si no funciona el plan que has hecho, haz cambios. Sé flexible.

Por ejemplo: Decides ponerte a estudiar a las ocho de la tarde. Pero llevas días probando y no te sale porque a esas horas estás fundido.

En vez de empeñarte en que tienes que estudiar a las ocho, rota actividades, quita la que puedas de en medio o permítete saltarte los jueves o el día que estés más hecho polvo.

4. Añade variedad. Para huir de la monotonía y disfrutar de lo que haces, trata de que haya variedad: días o actividades “especiales”, pequeños cambios ocasionales en tu rutina

5. Protege tu tiempo. Aunque seas flexible, no puedes decir “sí” a todo. Tú eres el dueño de tu tiempo. Y, como el tiempo es limitado, habrás de ser selectivo con los compromisos, peticiones y distracciones que salgan al paso.

6. Recuerda los aspectos positivos. Cuando te ataquen las dudas o el desánimo por lo que estás haciendo, recuerda las razones por las que decidiste hacer ese plan. Y celebra los progresos, por poquitos que hayan sido.

Ya hay un progreso, para empezar: Quisiste hacer buen uso de tu tiempo para construir una vida con lo que más te importa.