¿Te falta tiempo?

No te va a dar tiempo. Planeaste unas actividades para hoy y lo que queda del día no te alcanza para todas.

Unas cuantas se quedarán fuera. A alguna que otra tarea habrás de recortarle el tiempo y dejarla sin terminar o avanzar en ella menos de lo que te gustaría.

Es un poco fastidioso. Te entiendo. Mejor dicho, te entendemos quienes estamos inmersos en varios proyectos y andamos sobrados de inquietudes. ¡Somos un montón de gente!

Y todos nosotros encontramos días en los que, por cualquier razón, se nos estropean los planes y nos encontramos con ese límite infranqueable: la falta de tiempo.

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Sí, da rabia. Aunque lo peor que podemos hacer en ese caso es quedarnos anclados al malestar; quejarnos, preocuparnos, estresarnos por una situación conocida que, probablemente, vuelva a repetirse.

Después de la breve pataleta, es preferible que dejemos a un lado la frustración por lo que no podemos hacer, para pensar en lo que sí podemos hacer con el poquito tiempo que tenemos.

En cualquier otra cuestión, nos adaptamos a lo que hay: Con los recursos que cada uno tiene disponibles, hacemos lo que podemos, cuando podemos y como podemos.

La vida podría ser “más justa”. Podría no haber tantas limitaciones, desventajas o inconvenientes. Podría habernos tocado un lote diferente; el de otra persona que no lo tuviera tan difícil.

Hacer conjeturas con esto sólo nos lleva a perder más tiempo y a acumular resentimiento. ¿De qué nos sirve recrearnos en esas ideas?

Cierto es que avanzamos más cuando las circunstancias juegan a favor. Cuando están en contra, avanzamos menos. Pero podemos avanzar algo.

Si te parece, recordémoslo la próxima vez que nos encontremos en el mismo escenario: No da tiempo a todo. De acuerdo. Hagamos lo que podamos con el que SÍ tenemos disponible.

En general, aprovechemos cada día los recursos con los que contamos (tiempo, energía, dinero, etc.) y avancemos con ellos. ¿Qué te parece?