Grandes y pequeñas decisiones

Hay decisiones que te cambian la vida y pueden ser muy difíciles de tomar: ¿A qué me dedico? ¿Dónde voy a vivir? ¿Me caso con esta persona? ¿Acepto este trabajo?

Son grandes decisiones, de ésas que cambian el rumbo de tu vida. La gracia está en que la mayoría de esas decisiones derivan en pequeñitas decisiones cotidianas, que te ayudan a mantener el rumbo que has elegido.

Decides estudiar una carrera, por ejemplo. Esa gran decisión, por sí sola, no implica que te vayas a graduar en lo que escogiste. A partir de tu gran decisión, vienen otras más pequeñas: las que realizas a diario.

manzana

Éstas, las decisiones pequeñitas, son más fáciles de tomar. No obstante, también son más fáciles de esquivar:

¿Estudio ahora? No, qué pesado. Mañana me pongo al día.

Obviamente, no tienes que acertar cada día con las pequeñas decisiones que tomas. ¿Quién lo hace?

Pero sí puedes procurar que la suma de aciertos sea mayor. No tardarás en darte cuenta del poder que tiene la acumulación de los pequeños aciertos cotidianos.

Las grandes decisiones hay que tomarlas con cautela, sabiendo hacia dónde quieres llegar con ellas. Son para pensarlas con calma.

Porque después viene lo bueno: cientos de oportunidades, desplegadas día tras día, para tomar pequeñas decisiones que te acerquen, paso a paso, a lo que tenías en mente cuando tomaste la gran decisión.

Lo pequeño de hoy hará que lo grande sea posible. 🙂

Comments

  1. Cristian says:

    Hola! No sé cómo lo haces, pero siempre consigues alegrarme el día con tus reflexiones. Un saludo y a seguir así 🙂