Ideas para salir de la depresión

La cifra de personas que padecen depresión va en aumento. Estamos ante un problema que se extiende y que podría convertirse en la principal causa de discapacidad de aquí a unos años.

La Organización Mundial de la Salud nos insta a que la tomemos en serio y nos ocupemos de ella. En especial, a los gobiernos (para que brinden asistencia sanitaria) y a los propios afectados, que debido al estigma que pesa sobre las enfermedades mentales ven agravada su situación.

Quien se enfrenta al problema de la depresión lo tiene complicado:

Primero, por la falta de conocimiento que muchos tenemos sobre las enfermedades mentales. Entendemos mejor que alguien no salga de casa porque se haya lesionado una pierna, que porque una depresión lo encadene.

Segundo, porque en bastantes lugares faltan mecanismos apropiados para atender y tratar adecuadamente a personas con este problema.

Y tercero, porque quien la padece ha de actuar sacando fuerzas de donde no las tiene, para hacer justo lo que menos le apetece.

La medicación puede ayudar (especialmente en casos graves de depresión). La terapia psicológica, también. Aun así, en el tratamiento que los profesionales estimen oportuno en cada caso, la implicación del afectado es esencial.

persona deprimida

Paso a paso, hasta salir del túnel

Quien padece depresión cree que no va a salir de ahí y no se siente capaz de movilizarse para darle a su vida el vuelco que necesita.

Actuar es difícil, porque incluso las actividades que solían hacerle sentir bien, ahora le duelen o no le brindan la menor satisfacción.

Si tú has pasado por ahí o has sido testigo del problema, te consta que esto es un obstáculo. Eso sí, nadie dice que haya que saltarlo de golpe. Dar pequeños pasos cada día en la dirección correcta es mucho más asequible.

Esos pequeños pasos tal vez sean pesados. Pero, como quien se rehabilita de cualquier otra dolencia, es probable que vayan concretándose en una mejoría conforme las semanas transcurran.

Busca apoyos

El sentimiento de soledad es muy conocido por la persona con depresión. La soledad se convierte en una cárcel de la que desea escapar y que, al mismo tiempo, usa de refugio. Si tú estás en esta cárcel, la puedes describir mejor que yo.

Sin embargo, es muy recomendable aprovechar las oportunidades del día a día para interactuar con otras personas. Un día, un poquito. Al día siguiente, un poco más.

Ir a dar un paseo o salir a tomar un café puede ser lo que menos te apetezca. Es comprensible. Pero conectar con otros forma parte del proceso de recuperación.

Las salidas o conversaciones, que tanto trabajo cuestan al principio, van siendo cada vez más llevaderas e incluso apetecibles.

Además, es buena idea contar con el apoyo de personas con las que puedes hablar de lo que sientes: un amigo, un orientador o el psicólogo que diseña la intervención.

En resumen, busca los apoyos que estén a tu alcance para ir saliéndote poco a poco de la cárcel de la soledad.

fantasmas

Ojo a los pensamientos negativos

La persona con depresión ve una realidad y un futuro oscuros. A consecuencia de esto, se siente muy mal. Cosa que hace que vea el panorama más negro todavía… Y, por tanto, se sienta cada vez peor. Es una espiral hacia abajo.

Los pensamientos negativos son demasiados y muy poderosos. Si te están hundiendo, es necesario que vayas adoptando otros esquemas para observar e interpretar la realidad; ideas más positivas y constructivas.

Pero, claro, esto no se consigue de golpe. De poco sirve que te digas: ¡Hala! ¡Voy a pensar en positivo! O que otro te lo sugiera. Sirve lo mismo que si te dicen que hables en sueco a partir de este momento. Antes has de conocer el idioma y practicar.

En este caso, has de practicar con una forma diferente de pensar. Y eso implica trabajar en hábitos como éstos:

Valorar tus logros. Bastantes personas con depresión caen en la trampa del perfeccionismo. Es decir, establecen unos estándares muy altos y, cuando no llegan, se culpan por ello.

Tira el perfeccionismo a la basura. Los fallos sirven para aprender de ellos. A muchos nos encantaría hacerlo todo bien, pero a veces nos equivocamos o nos quedamos cortos.

Pues, en lugar de quedarte sólo con el error, mételo todo en la bolsa: Tu valor por intentar hacer cosas, tus progresos y las lecciones que aprendes cuando fallas.

Tratarte como a un amigo. Salte de tu pellejo y adopta ese papel cuando te hables a ti mismo.

¿Serías tan duro con un amigo? ¿Le dirías esas mismas palabras? Si la respuesta es “No”, busca una manera diferente de decirte las cosas.

Buscar buenas compañías. Observa a tu alrededor. Mira si hay personas positivas y luchadoras, y toma nota de cómo actúan cuando tengas la ocasión.

Ésos son buenos modelos de los que aprender. Acércate a ellos y, si puedes, relaciónate más con personas de este tipo.

Cazar tus pensamientos negativos. Un diario puede servirte para este menester.

Anota ideas negativas que se te crucen durante el día y, a la luz de lo escrito, observa qué provocó ese pensamiento y pregúntate si hay una manera más positiva de interpretar esas situaciones.

bienestar-emocional

Esmérate en tu cuidado personal

Ya sabes lo que esto representa, ¿verdad?

Come bien: Una dieta variada y equilibrada no sólo es beneficiosa para el cuerpo; también lo es para la mente. Guarda orden y regularidad en las comidas. Y no abuses del alcohol.

Duerme lo que necesitas: Es más fácil decirlo que hacerlo, ya que muchas personas que padecen depresión tienen problemas para dormir. Eso no quita que se puedan ir haciendo progresos adoptando hábitos (como éstos) que te ayuden a descansar mejor.

Haz ejercicio: Este hábito y los dos anteriores se refuerzan entre ellos. Así que… ¡muévete más!, así sea para pasear por el barrio. Y, ya que sales, hazlo de día. La luz solar ayuda a subir los ánimos.

Practica actividades que disfrutes: Vale que cuando golpea la depresión uno le pierde el gusto a actividades que antes disfrutaba. Pero es precisamente ahora cuando hace más falta retomarlas.

Ármate un repertorio de cosas simples con las que te sientas bien (o un poco mejor). Por ejemplo: escuchar música, caminar por el campo, ver tu serie preferida en la tele, jugar con tu sobrino, etc.

También podrías retomar o comenzar con un hobby; dedicarle un tiempo a la semana y progresar en él.

 

La práctica de los hábitos que hemos comentado no tiene porqué ser “perfecta”. Es más, ni siendo perfecta sales de una depresión en un abrir y cerrar de ojos.

Son los pequeños progresos, llevados a cabo un día tras otro, los que van a sacarte de ahí, incluso con los baches y pasos atrás que des por el camino.

No te rindas. Ya irás viendo que intentar salir de la depresión da menos miedo que la idea de quedarse dentro. Y, si lo necesitas, acude a un profesional para que te guíe.

Vamos. Ahora toca ir hacia arriba.