El primer “No” es el más difícil

Todos tenemos necesidades y deseos. Y es sano acudir a los demás (o que acudan a ti) para pedir colaboración. De esas peticiones que hagas (o que te hagan) surgirán respuestas afirmativas o negativas.

Obviamente, prefieres que te digan “Sí”, pero entiendes que los demás son libres para decirte “No”. Tan libres como tú, cuando decides no aceptar una petición.

El “No” es necesario

Como hemos dicho otras veces, el “No” es positivo cuando lo usas para defender tus prioridades. Porque, al decirlo, estás diciendo “Sí” a dichas prioridades.

Pongamos que tu prioridad es recoger a tu niño de la escuela. Yo te intercepto cuando vas llegando y te pido que te tomes un café conmigo, porque necesito hablarte de un mal de amores:

Anda. Sólo son 5 minutos. ¿Vas a dejarme tirada, con este dolor en el alma?

Ahora mismo y dado que no me hallo agonizante, desde luego. En este momento, lo más importante para ti es recoger a tu niño. Y yo, me guste más o me guste menos, habré de respetarlo.

dirección prohibida

Si me hubieras dicho que sí, le habrías dicho “No” a tu niño. Pero la cosa no queda ahí. Es más grave.

Cuando, por hábito, antepones el complacer a los demás a tus propias prioridades, atraes a gente aprovechada. Yo volveré a interrumpirte cuando quiera y otros, percatándose de tu exceso de amabilidad, harán lo mismo.

Recuerda: Si tú no respetas tu tiempo ni tus prioridades, los demás tampoco tienen porqué hacerlo.

Supongo que prefieres rodearte de personas que respeten tu tiempo. Personas que, cuando te escuchen decir “No”, entiendan que estás en tu derecho y no monten el dramón padre por ello.

¿No puedes? Tranquilo. Te llamo luego y quedamos otro día.

¿Cómo das con personas sanas y respetuosas (evitando a los chupópteros abusivos)? Usando la palabra “No” cuando la necesites.

¿Te falta práctica? Uuuuy… La cantidad de personas que hemos pasado por ahí…

El primer “No”

Para practicar el uso de la palabra “No”, puedes empezar por cositas muy pequeñas.

  • No, no me gustó la película de ayer.
  • ¿Quedar a las siete? No puedo. Me viene mejor a las ocho.
  • Aquí, no. Prefiero sentarme junto a la ventana.

Lo bueno de esta práctica es que, de paso, vas identificando a las personas que encajan y respetan tu “No”. Observa sus reacciones ante tus negativas pequeñitas.

Si ves que hay una persona en concreto que no se siente a gusto cada vez que le dices que “No” o que te presiona para que cambies de idea, redobla tu observación, porque puedes estar tratando con alguien a quien lo que más le gusta de ti es tu tendencia a decir siempre que sí… Y, claro está, espera que sigas diciéndolo.

Tú verás lo que haces. Eso sí, considera la opción de convivir más con personas que tienen asumido que NO siempre van a conseguir lo que quieren de los demás.

Verás que esta gente no combate tu negativa en esas cosas pequeñas. Respetará que no te guste una película, que no puedas quedar a las siete o que no te dé la gana de sentarte en una silla, porque prefieres otra.

Una vez más, lo pequeño sirve para ir aprendiendo.

Progresando hacia negativas mayores

Cuando practiques con lo pequeño irás ganando soltura. Aunque eso, amigo mío, no te librará de meter la pata alguna vez. Así es el aprendizaje.

Tal vez digas algún “Sí” cuando querías decir “No”. O tal vez te salga el “No”, pero sin decirlo como tú quieres (con firmeza, argumentando tus razones… o qué sé yo).

Acepta los errores, porque forman parte de la práctica. Lo más difícil, sobre todo, está al principio. Después de los primeros, cada “No” similar es mucho más fácil de decir.

Además, te sentirás bien contigo mismo por estar diciendo “Sí” a otras cosas que, en ese momento, son más importantes. Y, eso mismo, te animará a que sigas practicando y mejorando.