¿Compras para sentirte mejor?

Comprar sube los ánimos. No lo digo yo, sino los estudios que existen al respecto (como éste). Y, si te estás preguntando el porqué, los que saben nos dan cinco razones:

1. Facilita las transiciones: Cuando pasas de una etapa vital a otra, las compras pueden mitigar la ansiedad por la incertidumbre y ayudarte a entrar mentalmente en la nueva situación.

Haces gastos cuando te casas, cuando vas a tener un hijo, cuando te divorcias, cuando vas a mudarte, etc.

2. Alimenta la confianza: Hablemos de ropa, calzado y demás. Si entras a trabajar a un lugar donde todo el mundo va como un pincel, por ejemplo, ir a tono con el grupo calmará tu inseguridad.

Y si vas de fiesta o de boda, igual. Vas a estar incómodo si te presentas con tus vaqueros carcomidos y todos están de etiqueta.

ir de compras

3. Da placer. A los seguidores de la moda, de la decoración, del arte… a todos los que crean y se recrean con esas hermosuras.

4. Relaja. Todo un clásico. Estás de problemas y estrés hasta la bola, y comprar te distrae y te alivia durante un rato.

5. Facilita la conexión social. Caso de los grupillos que se reúnen para ir al mercado, por ejemplo.

Ahí está el remedio para quienes lo quieran usar con moderación. A mí, qué quieres que te diga, se me hace tan poco práctico como comer para aliviar emociones incómodas.

De hecho, en la mayoría de las situaciones que se apuntan, quien se va de compras está tratando de sofocar un estado emocional poco deseable: inseguridad, estrés, el deseo de tener, etc. ¿Qué ocurrirá al día siguiente de su compra?

El placer de la compra se habrá esfumado y estará en el mismo punto que antes de abrir la cartera. En el mismo o en uno peor, dependiendo del dinero que se haya fundido.

Volviendo al tema. ¿Te sientes bien cuando compras? Estupendo. Aunque no estaría de más que tomaras tus precauciones para que ese bienestar no te salga por un ojo de la cara. Estas tres, por ejemplo:

1. Planea tus compras

Acostúmbrate a hacer un presupuesto y a destinar una partida a esas compras extra (caprichillos, regalos, etc.).

Cuando te asalte la tentación de comprar una cosa, déjala reposar unos días. Un mes, si puede ser. Y, después, si cuadra con tu presupuesto, cómprala y disfrútala mucho.

2. Hazte tu repertorio de placeres gratuitos

Comprar o comer no son las únicas alternativas para aliviar tensiones o para sentir placer. Aunque ésas dos estén en tu lista de remedios, procura ampliar el repertorio para que tengas donde elegir.

Correr, pasear, jugar, leer, charlar con un amigo, ver un programa divertido en la tele… Hay muchos placeres que salen baratos y te alegran el alma.

3. Descansa y diviértete

Te preguntarás qué corchos tiene que ver esto con el dinero. Mucho. Cuando estamos cansados y hastiados de la vida es cuando tomamos las peores decisiones para el bolsillo. Las emociones incómodas y el dinero no son buenos amigos.

Trabajas duro. Apenas si te sobra un rato por la noche para desconectar y se presenta una tentación ante ti: una tele maravillosa, por nombrar algo.

Te dices a ti mismo que, con todo lo que te esfuerzas, te mereces darte un capricho… Y la compras, aunque sabes que con eso no arreglas tu cansancio ni tendrás más tiempo para ver la tele.

Mañana estarás igual o peor, porque la tele hay que pagarla y ese dinero saldrá de tu esfuerzo.

Ojalá que, poquito a poco, vayamos dejando que sea la cabeza la que tome las decisiones referentes al dinero. Se le da mejor que al corazón. 😉

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