¿Te sientes mal por no comprarle a tu hijo todo cuanto quiere?

Todos hemos sido niños. Hemos tenido amiguitos que nos enseñaban las cosas tan chulas que sus padres les regalaban: una bicicleta, unas vacaciones en la playa, un juego modernísimo, etc.

Como niños, nos han apetecido esos regalitos. Y, siguiendo la lógica de un niño, hemos pensado: “Si a Juan le compran sus padres una bici, mis padres también me pueden comprar una.”

He aquí este niño, llamémosle Antonio, que se va a encontrar un inconveniente: Sus padres no van a comprarle una bici como la de Juan, porque el presupuesto familiar va muy estrecho en estos días.

Total, que el pequeño Antonio se frustra, como se frustran sus padres que, además, se sienten culpables por no darle la bicicleta.

bicicleta

El difícil papel de los padres

Yo no soy madre, pero entiendo la impotencia de querer dar y no tener en ese momento.

Entiendo el dolor de los padres que quieren ver a su hijo contento y no con privaciones, que se acentúen cuando el chaval vea que otros niños tienen lo que a él/ella le falta.

No obstante, creo que esta situación puede manejarse de manera menos dramática. A fin de cuentas, lo más importante que los padres nos dan a los hijos no son las cosas materiales, sino los valores y las herramientas para desenvolvernos por nuestra cuenta.

Que no salgan los números en un momento dado para poder comprarle a Antonio la bicicleta que quiere, puede ser una oportunidad para que sus padres le regalen algo de mucho más valor.

Un regalo para toda la vida

El padre (o la madre) de Antonio se sienta a hablar con el muchacho y decide explicarle la situación de manera que él pueda entenderla:

Hijo, la bicicleta tendrá que esperar. Ahora necesitamos ese dinero para la reforma que estamos haciendo en la casa y para otros gastos.”

Le habla serenamente, sin lamentarse por no poder comprar la bici en ese momento, dando a entender al chico con esta actitud que NO tener lo que se quiere justo en el momento NO tiene nada de malo.

Y, además, le propone una idea:

Si quieres, puedes ir ahorrando una parte de tu paga. Y, cuando acabe el curso, vemos si nos alcanza para comprar la bici. ¿Qué te parece?

Al principio, Antonio se muestra contrariado. Pero va asimilando la situación. Es más, le parece buena idea ir juntando un dinerillo por su cuenta.

¿Qué puede aprender el niño?

Aprende a retrasar la gratificación inmediata. Cosa que le va a servir mucho en el futuro, cuando necesite imprimir paciencia al logro de objetivos importantes. (Antonio va a aprender a estar tranquilo sin tener lo que quiere al instante.)

Aprende que forma parte de un proyecto (la familia, en este caso), donde cada uno de los que participan es responsable de una parte para el buen funcionamiento del conjunto.

Aprende a esforzarse para conseguir lo que quiere, aunque sus padres le ayuden al final a completar el precio de la bici.

Con lo cual, el día en el que Antonio sale de la tienda con su bicicleta recién comprada, la alegría es mucho mayor a la que habría experimentado si sus padres se la hubieran regalado nada más pedirla.

Es la misma bicicleta, pero tiene mucho más valor para Antonio. ¿De qué podrían sentirse culpables sus padres?

 

Así lo veo yo. Mis padres me hicieron un gran favor no dándome todo lo que quería en un momento dado.

Aprendí a vivir sin la necesidad acuciante de ver satisfechos mis deseos rápidamente. Y, ahora que puedo apreciarlo, estoy agradecidísima por ese regalo.

Apuesto a que Antonio y yo no somos los únicos que, a raíz de una situación “negativa” (la privación, la escasez) tuvimos la oportunidad de adquirir instrumentos que después nos han servido bastante.