¿De dónde sacas fuerzas ante el desaliento?

Amigo, sé que has vivido momentos en los que la vida derribó de un manotazo aquello que estuviste un tiempo construyendo. Sé que tu esfuerzo y dedicación no obtuvieron la recompensa deseable.

Lo sé, porque ésta es una de las pruebas por las que, tarde o temprano, todos vamos a pasar.

Hay que contar con los reveses

La vida siempre te sorprende. Puedes desear, planear y luchar, porque así te vas acercando a eso que quieres.

Bastantes veces sale bien la jugada o incluso mejor de lo que esperas. Pero habrá unas cuantas en las que, a pesar de tu empeño y buena voluntad, recibirás una bofetada.

Hay circunstancias que escapan a tu control. Simplemente es eso. No eres culpable por encontrarte de cara con la adversidad, a la que en ocasiones le da por cruzarse en el camino de todos.

Lo que sí puedes controlar es tu respuesta ante esa situación indeseable. Puedes claudicar, bajar los brazos. O, ya que te sitúas, puedes serenarte y buscar la manera de adaptarte o de superar la situación.

La segunda opción, la de resistir y seguir adelante, es un ejercicio de fortaleza mental (resiliencia, también se le llama).

rio

Pero, ¿cómo puedes nutrir esa fuerza? He aquí algunas propuestas.

Ponte de tu lado

Tu principal aliado en estos momentos adversos eres tú mismo. De poco sirve que machaques con críticas y reproches a la persona responsable de superar esa situación:

  • Qué idiota fui. No debí haber hecho… (…)
  • ¿Cómo se me ocurrió meterme en esto, que me viene tan grande?

Ésa es una actitud poco considerada hacia ti mismo. Y la que funciona es precisamente la contraria: mostrar respeto, cariño, compasión por la persona (tú mismo) que se enfrentó a un reto y que ahora va a enfrentarse al de salir del atolladero.

Esta persona necesita reconocimiento por su dedicación. Dáselo tú. Reconoce que el camino es difícil y que parte del mismo va a ser plantarle cara a este obstáculo.

Y dale también tu confianza, que la necesita más que nunca. Dile que puede. Dile que estás de su lado. Anímale a que continúe.

Recuerda tus puntos fuertes

Los seres humanos solemos recordar más los fracasos y los errores que los aciertos. Esto es así por una mera cuestión de supervivencia. Recordar lo que hicimos mal puede prevenir que tropecemos dos veces en la misma piedra.

Pero, en esta situación concreta en la que te ves hundido, no es útil que únicamente recuerdes lo negativo.

  • Primero, porque también hay aspectos positivos en tu persona (aciertos, cualidades, fortalezas). Lo negativo no cuenta toda la historia.
  • Segundo, porque esos aspectos positivos alimentan tu fuerza. Y eso es lo que ahora necesitas.

Por tanto, concede el turno de palabra a todas esas situaciones difíciles de las que has salido airoso, a los miedos que has superado, a tus cualidades más positivas…

Revive en tu mente las experiencias con las que puedas reencontrarte con tu “yo” más fuerte, con ése que va a salir adelante.

Recuerda hacia dónde vas

¿Por qué emprendiste ese camino? ¿Qué es lo que quieres conseguir?

Repásalo, revísalo. Observa si continúan vivas las razones por las que tú te propusiste luchar por esa meta.

Si esas razones no han muerto, no te distraigas con los resultados actuales, que son transitorios. Mira más allá del obstáculo. Mira hacia dónde vas y replantea tu estrategia.

Ayuda que lo hagas por escrito. Traza un plan con alternativas. Piensa sobre cuáles pueden ser tus próximas acciones.

Y, en caso de que esté en tu mano hacer algo para resolver la situación…

ACTÚA

Ponte al frente. Acepta la responsabilidad de sacarte adelante. Ahí es donde se concreta tu fortaleza. Sin culpas, sin excusas, sin lamentos.

La adversidad te habrá derribado momentáneamente, pero no ha acabado contigo ni con tu determinación de luchar por lo que quieres. De un modo u otro, como el río que baja de la montaña, te adaptarás al terreno y seguirás adelante.