Autocontrol: ¿De qué te estás privando?

El autocontrol es un concepto muy antipático cuando te fijas sólo en las restricciones, en lo que “te quita”.

  • Te quita el placer inconmensurable de comerte una tercera porción de tarta.
  • Te quita el divertido paseo por las redes sociales cuando estás en medio de una tarea aburrida.
  • Te quita el gustazo de decirle de todo menos bonito al individuo que abusa de tu paciencia.

Quien se fija sólo en lo que NO puede hacer en ese momento es comprensible que se sienta de pena con tales limitaciones a su libertad. Qué asco de autocontrol.

Como esto es muy deprimente, vamos a verlo de otra manera.

¿Quién es más libre: el que se deja arrastrar por el impulso del momento o el que se da la oportunidad de elegir otra opción?

cambio de dirección

En realidad, más que privación, hay un cambio: En lugar de elegir la opción más apetecible, eliges otra que a ti te parece más conveniente. Y eso lo haces, precisamente, porque eres libre para elegir otra cosa.

  • Eliges cuidar de tu salud. Por eso no te comes la porción extra de tarta, aunque sea lo que más te apetezca en ese momento.
  • Eliges terminar tus tareas importantes. Por eso dejas las distracciones para más tarde.
  • Eliges quitarte disgustos innecesarios. Por eso no entras al trapo de cualquier impertinente que viene pidiendo guerra.

Es verdad que, cuando la tentación aprieta y las hormonas se disparan, lo primero que ves es que NO estás haciendo lo que te apetecería.

Por eso es necesario recordar a menudo esas buenas razones por las que tú vas a elegir un comportamiento y no otro en los momentos más delicados.

Y, como la fuerza de voluntad es limitada y las tentaciones pueden ser muy abundantes, también te servirá que te hagas de recursos para que, cuando lleguen esos momentos delicados, los puedas afrontar sin tanto drama.

¿Privaciones? ¿Qué privaciones?

Eres un ser humano. Te apetece darte tus caprichos golosos. Te apetece jugar, charlar, distraerte. Y, cuando estás estresado hasta las cejas, te apetecería desahogarte cantándole las cuarenta al tipo impertinente.

Las ganas no van a desaparecer por muy buenas que sean las razones que pienses en frío. Pero, al igual que eliges tus razones, puedes elegir cómo vas a canalizar esas ganas de dar rienda suelta a lo que te apetece.

En los ejemplos que hemos visto no tiene porqué haber privaciones.

Como ves, el autocontrol no supone un recorte de tu libertad. Si acaso, lo contrario. No haces lo que te pide el momento. Haces lo que tú quieres, como tú quieres y cuando tú quieres.

¿A que ésta es una manera más simpática de verlo?