Ejemplos de fracasos que te acercarán al éxito

Las personas que hacen cosas y se aventuran a la conquista de sus objetivos suelen experimentar bastantes fracasos por el camino.

Los fracasos son parte del progreso y del éxito. Necesitamos recordarlo a menudo, para dar más importancia a las oportunidades que brindan que a la decepción momentánea que vivimos cuando se producen.

Por mi parte, he protagonizado fracasos grandes, que me han dejado un tiempo descolocada. Y en el día a día experimento pequeños fracasos a los que debería estar acostumbrada.

Pero, no. No lo estoy. Algunos fracasos me saben mal. Cuando, por ejemplo, trato de asimilar un material sin conseguirlo tras varios intentos, me frustro.

Me siento culpable, cuando no cumplo lo que me prometí. Triste e impotente, cuando quiero llegar hasta allí y me quedo lejos. Decepcionada, cuando me ilusiono y la realidad me pone un alto.

¿Qué hay de ti? ¿Fracasas a menudo? Eso es buena señal. Tal vez te ocurra como a mí y, entre todos ellos, haya fracasos que te “escuezan” especialmente.

Y, ya que las emociones amainan, quizás también compartimos la inquietud por volverlo a intentar o por buscar otras salidas, cuando el objetivo vale la pena.

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Fracasos anunciados

Hay fracasos que duelen, pero que probablemente serán inevitables. Suelen formar parte del camino hacia el éxito. ¿Apuntamos ejemplos?

1. Cuando te lanzas a un objetivo sintiéndote inseguro. Apenas si sabes del tema y tienes un mundo de cosas por descubrir ante ti.

¿Crees que todas ellas serán fáciles de hacer o de asimilar? Da por hecho que no. Fallarás y te sentirás incómodo cuando algunas cuestiones se te resistan.

Pero, si sigues intentándolo, también es probable que progreses. Y, con ello, que cada vez te hagas más fuerte, más sabio y ganes en confianza.

2. Cuando diseñas un plan que falla estrepitosamente. Lo tienes bien atado y se va al traste. ¿Quién no ha probado esta medicina?

Un plan que se cae es una oportunidad para buscar otras opciones. Con ello, además de ganar en conocimiento, ganas en flexibilidad para adaptarte a lo que te sale en el camino.

3. Cuando encuentras oposición o rechazo en tu entorno. También sabe mal. Te sientes solo o fuera de lugar.

Eso, hasta que gracias a ese fracaso, aceptas que tu vida es tu responsabilidad y avanzas a pesar de las críticas o de la falta de reconocimiento.

Aprendes que es imposible dar gusto a todos y te sientes libre de esas ataduras. Y descubres a quién acercarte, con quién colaborar y de quién esperar ayuda cuando la necesites (que también llegará el día).

4. Cuando pasas por momentos particularmente duros. En algún punto del camino, la motivación inicial se desinfla. O encuentras pruebas muy dolorosas (enfermedades, pérdidas…).

Como cualquier otra persona, vivirás momentos así. Llorarás. Tendrás miedo. Y aprenderás a levantarte para seguir luchando.

Esas experiencias saben a fracaso, a querer arrojar la toalla en tal momento de bajón. Pero son muy comunes entre quienes se trazan metas.

Forman parte del recorrido. Son obstáculos a superar. Obstáculos que, muchísimas veces, nos brindan un aprendizaje útil y/o necesario para seguir adelante… y acariciar el éxito.