Hay fracasos que fortalecen

¿A quién le gusta fracasar? ¿Quién anhela la sensación de impotencia o tristeza que produce el fracaso cuando lo encontramos en el camino?

Poca gente, sin duda. Preferimos sentirnos fuertes y contentos.

Con esa finalidad, iniciamos nuestros proyectos, cualesquiera que sean: una relación de pareja, un negocio, un cambio de hábitos, etc.

Queremos ser felices. Pensamos en estar mejor. No comenzamos un negocio con la idea de fracasar. Ni invertimos esfuerzo en una relación o en un hábito con el convencimiento de que saldrá mal.

No obstante, hemos de aceptar que, en algún momento, el fracaso o los errores van a entrar en escena. Y que quizás nos frustren a primeras de cambio. Cuanto más ambicioso es un proyecto, más numerosas o grandes suelen ser las dificultades.

Eso sí, podemos considerar que dichas dificultades y fracasos son, precisamente, los que nos van a ayudar a fortalecernos.

hombre fuerte

Pensemos en el cuerpo para hacernos una imagen más clara. Supongamos que yo quiero que mi cuerpo esté sano, fuerte y ágil. Para ello, combino una alimentación equilibrada con un programa de ejercicios.

Como la palabra que mejor define mi estado físico es “enclenque”, la misión me va a llevar bastante tiempo.

Muy probablemente, haya días en los que descuide la alimentación. Serán pequeños fracasos de los que podré aprender, para cometer menos errores de ese tipo.

¿Y el ejercicio? Parto con una rutina sencillita y poco exigente, adaptada a mi estado físico actual. Dicha rutina irá aumentando en dificultad, necesariamente.

Ningún cuerpo se hace fuerte repitiendo todos los días los mismos cuatro ejercicios sencillitos. Para que no se acostumbre, hay que proponerle ejercicios nuevos. Y algunos de ellos, de entrada, serán frustrantes.

Previsiblemente, habrá cambios y ejercicios con los que falle al primer intento. Tal vez, en el segundo también. Pero, si sigo intentándolo, sé que es muy probable que los domine.

Perseverar tras los intentos fallidos es lo que me va a hacer fuerte.

Aprender de los errores. Superar el abatimiento de un fracaso para luchar por lo que sigue valiendo la pena. Eso es lo que nos va a hacer fuertes (por dentro y por fuera).

Así que, aunque el plato del fracaso sepa amargo de entrada, considerémoslo una parte ineludible y necesaria del progreso. Consideremos el fracaso como un tramo que forma parte del camino hacia el éxito.