Ideas para entrenar en una habilidad a otra persona

Una de las experiencias más gratificantes de cuantas tenemos la oportunidad de vivir es la de enseñar a otro a hacer tal o cual cosa.

Es emocionante ver que alguien está progresando en una habilidad a nuestro lado. Y, más allá de eso, enseñar es un acto generoso que influye favorablemente en nuestra autoestima y nos ayuda a desarrollar una cualidad muy útil: la paciencia.

Piensa en una habilidad o destreza: un baile, un juego, un deporte, cocinar la paella para 15 personas que te sale de maravilla… o cualquier otro asunto que manejes y que quieras compartir con una persona deseosa de aprender.

Este aprendiz motivado parte de cero y confía en ti para hacer sus primeros pinitos en eso que tú dominas. ¿Cómo guías su aprendizaje?

Afortunadamente, no existe una única manera de enseñar. Cada maestrillo tiene su librillo (según el dicho popular). Y, además, sabrá adaptarse al ritmo y al estilo de aprendizaje de la persona a quien acompaña en esta aventura didáctica.

Eso sí, como líneas generales para entrenar a otro en una habilidad, podemos apuntar éstas que siguen.

patinando

1. Hazlo simple.

Céntrate en la primera cosa básica y sencilla que quieres que asimile el aprendiz. Y, una vez que agarre soltura con ella, añade un nuevo elemento o paso.

Evita dar mucha de información de golpe, para evitar que el aprendiz se abrume o se haga un lío.

2. Ve paso a paso.

A menos que la situación lo requiera, prescinde de las prisas. Y, si el aprendiz está impaciente por progresar, lo mismo. Invítalo a seguir un orden.

Nada de saltos, tampoco. Ayuda a que el aprendiz vaya dando cada paso nuevo sobre lo que ya conoce.

3. Enfócate más en lo correcto que en lo incorrecto.

Hay muchas maneras de hacer las cosas. Enséñale las que, a tu criterio, sean preferibles o correctas.

Si lo ves oportuno, puedes dar ejemplos a tu aprendiz de lo que está “mal hecho” (la postura incorrecta, el error más frecuente de los principiantes…). Eso puede ser útil para que vea las diferencias.

No obstante, dedica más tiempo y energía a las técnicas o procedimientos adecuados, para que sean ésos los que se queden en la mente del aprendiz.

4. Enfócate más en los aciertos que en los errores.

Reconoce los avances del aprendiz. Celébralos con él/ella. Y, como hemos dicho antes, ayúdale a construir lo nuevo sobre lo que ya domina.

Los errores, como parte natural del proceso, han de ser un instrumento para que el aprendiz tome nota de lo que no funciona. No deben acaparar toda la atención.

Por tanto, evita el machaque continuo de lo que está “mal hecho”: ¡Mal! Así, no. ¡Qué desastre! Prueba otra vez… Bueno, no está mal. PERO te falta

5. Sé preciso.

Sé lo más específico posible cuando puedas serlo. Esto le facilitará la misión al aprendiz, que podrá “agarrarse” a ciertas directrices.

  • En lugar de: “echa un puñadito de sal”, es preferible: “echa una cucharada de sal”.
  • En lugar de: “dobla el brazo”, es preferible: “el brazo, formando un ángulo de 90 grados”.

¡Ah! Falta lo más importante de todo: Disfrútalo.

Cuando vayas a compartir lo que sabes con otra persona, acuérdate del día en el que estuviste en su lugar. Todos hemos sido aprendices, novatos, principiantes. Y todos somos o seremos entrenadores o maestros.

Durante toda la vida haremos estos intercambios con los demás, que son enriquecedores para ambas partes y, porqué no, también divertidos.