¿Eres una persona con aspiraciones?

¿Estás contento con la persona que eres? ¿Celebras los recursos de los que dispones (tiempo, habilidades, dinero, cualidades positivas, etc.)?

Si es así, ¿para qué vas a perseguir objetivos? Eres valioso tal cual. No necesitas tener o ser más de lo que eres ahora.

Cuando estás contento y agradecido (contigo mismo y con la vida en general) vives mejor que cuando te hallas en la frustración permanente de no ser o no tener lo suficiente. Esto ya lo prueban los estudios.

Pero el hecho de que tengas aspiraciones u objetivos NO tiene porqué deberse necesariamente a que no te sientas a gusto contigo mismo o con la posición en la que te encuentras. Sin ir más lejos, puede responder a razones como éstas tres que vamos a ver.

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1. El cambio

Te guste o no la idea, la persona que eres y las circunstancias en las que te hallas cambiarán conforme pasan los días, los meses, los años.

Es más probable que dichos cambios se produzcan en la dirección que a ti te interesa cuando tienes en mira ciertos objetivos.

2. La satisfacción de ver en acción lo que tienes

Una muestra de gratitud hacia la persona que eres y los recursos de los que dispones es darles uso.

Además, suele suceder que, cuando pones en acción tus recursos (tiempo, energía, inteligencia, etc.) y los combinas, obtienes un rendimiento que también te da alegrías.

[Los cristianos tienen un ejemplo en la conocida parábola de los talentos de la Biblia. (Mateo 25:14-30).]

3. Establecer un rumbo te hace feliz

Las aspiraciones o metas son una fuente de felicidad (y de salud) mayor a la de buscar el placer cómodo cotidiano. Hay estudios que lo afirman. Pero también lo puedes comprobar en tu propia experiencia.

Vives más contento cuando te levantas cada mañana con esa misión o misiones que le dan sabor a tu esfuerzo, a tu dedicación.

¿Gratitud o superación? ¿Con cuál te quedas?

No tienes que escoger entre una y otra. Puedes estar contento y agradecido con lo que eres (y tienes) mientras construyes la vida que quieres. De hecho, eso es lo más beneficioso; que gratitud y superación vayan juntas.

Si están separadas obtienes menos satisfacciones:

1. En el caso de la gratitud extrema, por la complacencia, que resulta de estar acomodado en una situación.

Al sentirte totalmente satisfecho con tu realidad actual, dejas de aprender, de crecer, de aprovechar oportunidades para ser feliz y, para colmo, los cambios que se suceden pueden pillarte desprevenido.

2. En el caso de la superación extrema, por la insatisfacción que experimentas a diario al no ser o al no tener aquello que te gustaría.

La frustración está asegurada en tanto no consigas el “éxito”, que se supone que es el resultado final que buscas. ¿Y si nunca tienes suficiente? ¿Cuándo vas a ser feliz?

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Juntemos la gratitud con las aspiraciones

En la receta para ser feliz haremos bien en echar estos dos ingredientes. Mira qué bien se llevan.

Primero, la gratitud. Haces recuento de tus recursos. Y aquí puedes incluir todo lo valioso que está en ti o tienes a mano (tiempo, energía, talentos, etc.).

Entre lo que sume más y lo que sume menos, te saldrá un conjunto estupendo, para que lo celebres y para que lo pongas en acción.

Segundo, las aspiraciones. Ahora viene lo grande: sacarle jugo a esos recursos, combinándolos para acercarte a las cosas buenas (objetivos) que te gustaría que también formasen parte de tu vida.

¿Qué ocurre si tienes éxito en tus aspiraciones? Lo celebras. Y, si así lo decides, de más recursos dispones para emplearlos en otros horizontes.

¿Y si no obtienes lo que deseas? Puede que te quedes corto o, poniéndonos en lo peor, a gran distancia de tus aspiraciones. Pero, en este caso, cuenta más el camino que has hecho que el resultado final que obtienes.

Me explico. Cuando partes de la carencia y la insatisfacción (de la ingratitud), sólo eres feliz cuando consigues lo que quieres. Lo demás es un fracaso.

En cambio, al partir de la satisfacción y el reconocimiento de lo valioso (de la gratitud), todo lo que te espera en adelante es ganancia. Tanto si llegas a la meta final, como si no, tú eres feliz siendo quien eres y haciendo lo que haces.

¿Un ejemplo?

Aquí tienes un ejemplo: Quieres perder diez kilos este año. Observemos el objetivo cuando está precedido por la gratitud.

Miras tu cuerpo y, además de ver que le sobran unos kilos, reconoces lo valiosa que es tu persona (con todos los atributos positivos, logros y demás rasgos admirables).

Y, como te quieres mucho y aspiras a vivir un montón de años al lado de las personas que amas, decides comenzar a cuidar más tu alimentación.

Un profesional te acompaña en este objetivo, porque tu salud es muy importante como para jugártela en dietas-milagro. Así, tu plan echa a andar.

Llega el fin de año y la báscula te dice que bajaste los diez kilos. ¡Genial!

Pero, ¿y si dice que sólo bajaste dos? ¿Es un motivo para echarte a llorar de la rabia? Pues, no. Porque tú te sigues queriendo como el primer día.

Tal vez cometiste errores o fue el plan, que necesita unos ajustes. Sin dramas, puedes continuar con tu cambio de hábitos, acercándote cada vez más a tu objetivo.

Tu felicidad no está condicionada a que peses menos o más, a que tengas menos o más. Ya vales. Ya tienes muchas cosas buenas. Y, mientras disfrutas del camino, vas recolectando los beneficios de tu esfuerzo, que también son motivo de alegría.

Ésa es la idea. 😉