Dividir las tareas para combatir la procrastinación

La procrastinación es más frecuente cuando nos hallamos frente a una tarea larga, pesada o confusa. Y una de las medidas más eficaces para combatir la tentación de escaquearse es dividir susodicha tarea en pasos o minitareas.

Vamos a recordarlo para sacarle partido en lo cotidiano.

Tú ya haces esto de dividir las tareas. Si organizas una fiesta con tus amigos y, en el reparto de lo que hará cada uno, tú te ofreces para comprar lo que se necesita, es probable que dividas la tarea.

Como andas ocupado en tus quehaceres cotidianos, sacarías un ratito para hacer la lista de lo que vas a comprar. Decidirías a qué tiendas vas a ir. Y, si no te da una tarde para ir a todas las tiendas, irías una tarde a una tienda; la tarde siguiente, a otra…

Así es como divides la tarea grande en tareas más pequeñas. Y, a lo largo de la semana, progresas una tras otra, hasta que te presentas en la reunión con la misión cumplida.

Esta idea es práctica y efectiva para vencer la procrastinación, tanto en eventos extraordinarios como en lo que haces cada día. Por ejemplo, tu rato de ejercicio físico. ¡Ay, no! Hoy no tengo ganas

Cuando sientes resistencia a comenzar una tarea, dividirla en trocitos es eficaz para romper el hielo y progresar paso a paso hasta concluirla.

escalón a escalón

Divide y vencerás

Siguiendo con el ejemplo del ejercicio, no es lo mismo pensar en el rato completo de sudor y esfuerzo al que te vas a enfrentar, que pensar sólo en ponerte la ropa deportiva. Después, en desplazarte al lugar donde hagas tus ejercicios. Luego, en el calentamiento. Etc.

En mi caso, los días en los que estoy más atascada o desganada no pienso en el ratote que emplearé para escribir una entrada en el blog. Pienso en elegir un tema. Después, en qué puntos importantes mencionar. Luego, en desarrollar cada punto. Y así, hasta la conclusión.

Es cierto que hay tareas que no se prestan a una división clara. Las empiezas y, según cómo se van dando, te toca realizar unas tareas u otras. Claro que eso no impide que, de entrada, decidas qué primeros pasos vas a dar para echar la bola a rodar.

Ya que tanto tú como yo lo sabemos, hagamos uso de la técnica cuando sea necesario. En esos días en los que, por la razón que sea, estemos más reticentes a empezar con las tareas que nos hemos propuesto, dividámoslas en pequeñas acciones. ¿Qué te parece?