3 Ideas prácticas para tus objetivos a largo plazo

Partamos de un escenario que conocemos todos: Un objetivo a largo plazo. ¿Cuál es el tuyo?

Muchos hacemos planes para el futuro (perder peso, comprar una casa, ahorrar para el retiro, etc.). Pero, a día de hoy, nos cuesta trabajo realizar las acciones involucradas con esos objetivos.

¿Crees que eres tú el único que ha hecho planes para “un mañana mejor” y se ha echado atrás al día siguiente? Pues no, amigo. En ese barco estamos la mayoría.

Hay personas que son una fuente de inspiración para nosotros. Te dicen: “Voy a abrir un negocio”, “Voy a escribir un libro”, “Voy a comer sano” y, al día siguiente, se ponen manos a la obra.

Tú los ves cumplir con lo que han dicho, firme y consistentemente desde el minuto uno. ¿Es que ellos tienen fuerza de voluntad y tú no?

Puede ser. O, si no tienen tanta fuerza, tienen maña, que vale tanto o más que la fuerza. Desarrollaron esas cualidades y bien que les sacan partido. ¿Por qué no probamos a hacerlo tú y yo?

alpinista

Según han demostrado los teóricos de la economía conductual, el cerebro valora más las recompensas a corto plazo que las ganancias a futuro. Hace bueno el refrán: “Más vale pájaro en mano que ciento volando”.

Esta tarde, por ejemplo, tú puedes hacer planes para ponerte en forma y decidir que, a partir de mañana, te vas a levantar a las 7 para salir a correr. Tu cerebro lo ve estupendo… en ese momento.

Pero, cuando llegan las siete de la mañana y te toca levantarte, ya no le parece tan buena idea. Tu cerebro prefiere lo de siempre: la recompensa de quedarse en la cama un ratito más.

No es que tú seas particularmente flojo. Esa tendencia la tenemos todos: nos cuesta renunciar al pájaro en mano.

Es hora de dejar de sentirnos culpables por no tener la fuerza de un coloso o la exactitud de un robot al que programas para que haga determinadas acciones con puntualidad. Somos humanos y nuestro cerebro se resiste a esos cambios, por positivos que sean.

Se resiste menos si el objetivo te apasiona, porque la razón que te impulsa a conquistarlo sea muy poderosa y estás determinado al 100 % a hacer lo que sea por conquistarlo.

Y, menos todavía, si además construyes hábitos. Gracias a ellos, no dependes continuamente de la fuerza de voluntad, que es un recurso limitado.

Pero, sí, seguirá resistiéndose, especialmente en los momentos donde no brille la pasión y los hábitos nuevos no estén atornillados a tu rutina.

¿Qué “mañas” puedes aplicar para ejecutar las nuevas acciones que deseas, contando con la resistencia de tu cerebro?

1. Anticípate a la decisión

Ponte creativo y dificulta la posibilidad de tener el pájaro en mano. Intenta que la opción gratificante sea más difícil que la deseable. Veamos ejemplos.

  • Cuando suene el despertador a las 7, no le des a tu cerebro la ocasión de decidir. Coloca la alarma lejos de la cama, para que te tengas que levantar a quitarla sí o sí.
  • Si te has comprometido contigo a estudiar por las tardes en lugar de jugar con la consola, agarra la consola y métela en un armario hasta el fin de semana. Así, por la tarde no tienes que decidir si verla o estudiar.
  • Si no quieres comer dulces empachosos, quítalos de la lista de la compra o invéntate la manera de no encontrártelos.
  • Si quieres ahorrar, programa una transferencia automática, para que no tengas que tomar esa decisión cuando recibas el dinero.

Ésa es la idea. Para evitar que el cerebro, automáticamente, elija lo que más le gusta, trata de que lo tenga menos accesible.

2. Empieza por poquito

Muchas veces, el problema no está en la acción, sino en empezarla. Una vez que estás haciendo ejercicio o estudiando, por ejemplo, te cuesta menos seguir adelante.

Al contrario del punto anterior, aquí se trata de ponerte la acción deseable lo más fácil que puedas.

Imaginemos que yo quiero estudiar un nuevo idioma por las tardes. Lo ideal sería dedicarle un par de horitas y hacer cierto número de ejercicios todos los días. Vale. Eso es lo ideal.

Pero, como me cuesta, he de bajar el listón a un nivel más asequible, a fin de reducir la resistencia. No me voy a exigir estar las dos horas ni completar todos los ejercicios desde el primer día.

Ya llegaré a las dos horas. En principio, lo más importante es que esa acción forme parte de la rutina diaria. Empezaré por pocos minutos y pocos ejercicios. Y, cuando ya esté acostumbrada, iré subiendo el listón.

3. Fija día y hora

Así el listón esté bajísimo, es importante que decidas de antemano cuándo, dónde y durante cuánto tiempo vas a estar realizando la acción que te concierna.

Esa cita contigo mismo también va a facilitarte que cumplas con lo que has planeado, ya sea un hábito o una acción aislada.

Para que veas (o veamos, ya que yo también estoy aprendiendo), la fuerza de voluntad no es lo único que nos puede servir para conquistar nuestros objetivos a largo plazo.

También está la creatividad, que va a reflejarse en cómo sorteamos los obstáculos para arrancar de una vez con las acciones “deseables”.

Y, ya que sabemos más truquitos, ¡a practicarlos! 😉