El mérito de remotivarte

Qué mérito tendría motivarse si, una vez que sientes las ganas de empezar, éstas permanecieran constantes e imperturbables indefinidamente.

Poco mérito. Bastaría con generar ese primer impulso y ya está. Te llevaría todo el tiempo en volandas.

Pero esto no es así. La motivación es cambiante. Unos días tienes el tanque lleno. Otros, en mínimos, sin que haya una razón visible que lo explique.

Claro que muchas veces sí hay razones: te equivocas, te cansas, dudas, fracasas o sobreviene un imprevisto que te hunde en la decepción. Tu motivación puede verse mermada en situaciones así.

llenar el tanque

El verdadero mérito está en levantarte, en volver a motivarte. El mérito está en sacudirte la desgana o la desesperanza para pensar en el siguiente paso que puedes dar. ¡Y en darlo!

Es más, puedes ver esas etapas de desmotivación como oportunidades para afianzarte en lo que quieres (o en lo que no quieres) y para descubrir lo que a ti te funciona para resurgir de esos baches.

Lo segundo será un aprendizaje muy útil. Porque la motivación es volátil, como el mercado de valores. Aunque, en este caso, tú eres quien maneja el cotarro y quien se encarga de propiciar una nueva tendencia alcista.

Con cada bajonazo que experimentas, eres tú a quien le toca buscar la manera de remontar la situación. Así vas ganando en recursos para afrontar otras situaciones difíciles. Y eso tiene bastante mérito, sin duda.