Cómo permaneces motivado en los malos tiempos

Embarcarte en un objetivo importante se parece a cuando te casas (o te comprometes para los restos) con una persona de quien estás muy enamorado.

Al principio, reina la euforia. Tu amor es imparable. Te sientes fuerte para vencer todos los obstáculos.

Poco a poco, se hace protagonista el trabajo consistente (la convivencia), el día a día con sus altos y sus bajos. Has de poner de tu parte para progresar en tu objetivo (como para construir una relación sólida).

Y, aparte de ese esfuerzo continuado, surgen otros momentos más difíciles, crisis que quizás te inducen a pensar que te equivocaste “casándote” con ese objetivo.

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¿Ya no sientes ese amor?

Cuando se desinfla el subidón de los inicios y se suceden unas cuantas dificultades, piensas que algo va mal. ¿Dónde quedó el entusiasmo? ¿Qué ha cambiado? ¿La rutina y las complicaciones cotidianas han desgastado el amor?

Probablemente, no. Lo que puede estar ocurriendo es que ciertas cuestiones molestas estén recibiendo más atención por tu parte que las grandes razones por las que te enamoraste del objetivo.

Las tareas repetitivas, los inconvenientes, los errores y el esfuerzo en los días difíciles hacen que pierdas de vista el “premio gordo”, que es estar haciendo lo que quisiste hacer; estar al lado de quien quisiste estar.

A veces pasa que la fuerza inicial renace cuando dejas a un lado las minucias y te enfocas en lo bueno que resulta de tu compromiso. A pesar de las dificultades, sientes que la presencia de este objetivo (o pareja) en tu vida es positiva. Entonces, la motivación remonta.

Otras veces, no ocurre esto. Los problemas tienen tanto protagonismo, que te cuesta ver más allá. ¿Éste es el fin del amor?

Amor en la prosperidad… y en la adversidad

Estás haciendo lo que quieres. Vas solventando obstáculos. Recoges frutos de tu esfuerzo. Pero algo falla.

Se supone que deberías estar motivado, enamorado, alegre por lo que estás construyendo. Y no te sientes así. Pesa más el desgaste y el hastío de resolver cada día la papeleta que se presenta.

Te frustras, porque tienes razones para entusiasmarte, pero de ellas no sale la energía que necesitas, especialmente cuando los problemas vuelven a amontonarse.

No te sientas mal. Es así de duro. La motivación no es sólo la fuerza espontánea que te mantiene entusiasmado, mega-enamorado de tu objetivo. También es la capacidad de generar esa fuerza y seguir adelante en los momentos más difíciles.

En esto cada cual se las ingenia como puede, que para eso está la creatividad. Pero, por si quieres barajar unas ideas, aquí tienes tres.

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1. Date permiso para estar contrariado. Por mucho que te entusiasme un objetivo, hay días o rachas difíciles.

Habrá problemas que te enfaden o un sinfín más de situaciones molestas que habrás de afrontar, porque forman parte del objetivo.

No tienes que fingir que todo te gusta. Prescinde de las culpas por no estar más contento que unas pascuas ante una tarea aburrida, por ejemplo. Simplemente, sal de eso.

2. Haz tu parte. Cumple con lo que te toque hacer hoy, aunque te aburra, aunque te deprima o los resultados dejen que desear.

Que, cuando llegue la noche, nada te quite la satisfacción de hacer lo que estuvo en tu mano.

3. Reconoce que esta fase pasará. No hay amores ni objetivos que no hayan conocido tiempos difíciles. Mientras subsistan las razones que cimentaron tu decisión de comprometerte, continúa adelante.

Recuérdate que el entusiasmo sube y baja. Y que lo de ahora es una etapa de bajón, tal vez debida a la confluencia de problemas o al estrés.

Recuérdate también que construir lo que quieres no es siempre apacible o divertido; que no siempre es fácil. Los obstáculos son parte inseparable de cualquier gran proyecto. Acéptalo así.

Vamos. No tires la toalla.