¿En qué ocasiones estás siendo muy duro contigo?

Ser exigente contigo mismo denota interés y responsabilidad. Quieres hacer tu parte bien y, día a día, te esfuerzas por avanzar en lo que más te importa.

Bienvenida sea entonces la autocrítica. Pero sin excesos. Lo mismo que no te pasas con la sal en las comidas, trata de no pasarte con la dosis de autocrítica.

Como les sucede a otras personas, a mí se me va la mano a veces con la dosis. Y, cuando me percato, he de recordarme que el resultado no es mejor ni más sano porque le eche más sal. Digo, más autocrítica.

Si bien es al contrario. Una vez más, el exceso es contraproducente. ¿Y en qué ocasiones podemos hablar de un exceso? Veamos ejemplos.

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1. Cuando muy pocas veces estás contento con tus avances. Esto pasa al darle más importancia a lo que te ha faltado por hacer que a lo que has hecho.

Es natural. Lo “imperfecto” resalta sobre lo que está bien y no siempre puedes cumplir con tus planes. Pero esto no es excusa para ignorar lo que sí has hecho.

2. Cuando le quitas importancia a lo que haces bien. Dices que fue la suerte o que cualquier otro podría haberlo hecho igual.

3. Cuando no te arriesgas, por miedo a no dar la talla. No quieres hacerlo mal o que te rechacen, así que te garantizas tu propio rechazo. (Qué ocurrencias tenemos los humanos…)

4. Cuando te comparas con otros. Y, naturalmente, sales perdiendo en la comparación. Pierdes tú y pierde cualquiera que se compare para competir, en lugar de hacerlo para aprender.

5. Cuando a la opinión de cualquiera le das más importancia que a la tuya. Lo haces con personas con experiencia y conocimiento de causa. Pero también lo haces con otros, cuyo criterio tiene el mismo valor que el tuyo. Y eso, ¿por qué?

6. Cuando te acuestas con tus problemas. Problemas, remordimientos y cualquier equipaje nocturno incompatible con una plácida noche de sueño. Eres muy duro al no concederte unas horas de pausa para que tu mente se relaje un poco.

7. Cuando eres muy crítico con otras personas. Cosa que suele ser un reflejo de lo duro que eres contigo mismo. Si de ti esperas un nivel altísimo, es natural que esperes que otros sean así de responsables.

Pero ocurre que, con ese grado alto de exigencia, te estás pasando de frenada. Te sales de la responsabilidad, para llegar al perfeccionismo. Y, por bien vista que esté esta cualidad, las hay mejores.

¿Qué tal si estamos atentos para evitar ocasiones así, en las que actuamos con una severidad excesiva?

[Y, si te preguntas porqué o para qué dejar de hacerlo (bien hecho), en una entrada anterior recopilamos unas cuantas razones: 7 Razones para dejar de ser tan duro contigo.]

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