¿Qué te hizo perder el ritmo productivo?

Después de las vacaciones o de otros parones extraordinarios, toca retomar el ritmo de las actividades habituales y la adaptación se lleva unos días.

Pero no sólo perdemos el ritmo en esas situaciones extraordinarias. También lo podemos perder “sin darnos cuenta” cuando descuidamos alguna de las fuentes que nos nutren de energía para mantenernos productivos.

Fuentes, ¿como cuáles?

  • La alimentación: Cuando le dedicas menos tiempo a preparar comida saludable o a descansar mientras la disfrutas.
  • Las horas de sueño: Cuando sacrificas las horas que necesitas, con tal de producir un poco más.
  • El ejercicio físico: No hay tiempo y se queda fuera. Claro que también se está quedando una buena fuente de energía.
  • El tiempo para ti: ¿Quien piensa en un hobby, en una siesta o en dar un paseo cuando tiene la agenda hasta los topes?
  • El tiempo con los tuyos: Recortas también aquí, cuando sabes que relaciones saludables con las personas que más te importan son otra fuente generosa de energía y bienestar.

siguiendo el ritmo

Total que, con las prisas y las demandas de la vida moderna, empiezas a correr contra el tiempo… sin repostar lo necesario en las fuentes que te proveen de energía. Así, hasta que llega el día en el que pierdes el ritmo.

No hay drama con eso. Todos perdemos el compás de tanto en tanto. Si bien, puede ser una ocasión para replantearse los propios hábitos y las decisiones cotidianas que estamos tomando últimamente, ¿no crees?

Evaluando la rutina

¿Has perdido el ritmo y no hallas una explicación para ello? Prueba a observar lo que haces a diario. Tal vez, estás prescindiendo de una de esas fuentes de energía que hemos comentado más arriba.

Un ejemplo. Imagínate que últimamente te acuestas media hora más tarde (por estar frente a la tele o haciendo trabajo extra).

Parece que 30 minutos no son gran cosa. Pero son 30 minutos menos que duermes. Y, desde ahí, puede haber empezado a rodar la bola hacia un menor rendimiento.

Otro ejemplo. (Éste lo he protagonizado yo y me ha inspirado la entrada.) Le recortas tiempo al desayuno. Parece que éste es un cambio intrascendente, ¿verdad? Pues, para mí, no lo ha sido.

Mi productividad matinal fue bajando, después de mi decisión de acelerar el desayuno. No es lo mismo desayunar en 5 minutos, que ponerte a trabajar tras un desayuno tranquilo. (He visto que me va mejor lo segundo.)

En fin, cada uno tiene sus costumbres. Y a veces son decisiones muy pequeñas las que echan la bola a rodar, tanto para bien como para mal.

¿Has observado tú qué pequeñas decisiones te ayudan a entrar (o a abandonar) una dinámica productiva?