¿Qué es lo que más te importa?

¿Te sientes estresado? ¿A qué crees que se deba: a que te abruman tus responsabilidades o a que no le encuentras sentido a lo que haces?

Detengámonos hoy en la segunda posibilidad. A veces el problema no es que haya muchas cosas que hacer. El problema es que no las conectamos con lo que es más importante para cada uno de nosotros.

Cuando no sabemos a qué puerto nos dirigimos, todos los vientos son desfavorables. (Séneca)

¿Qué 3 ó 4 cosas son más importantes para ti? Seguro que te interesan muchas más, pero en la cúspide de tu escala de valores, necesariamente, ha de haber pocos elementos. Si no, no sería una “escala”, sino un revoltijo. Y ahí es donde está el problema, precisamente.

el viento de la inspiración

Supongamos que en el “top 3” de tu escala de valores están éstos: familia, salud, amistad. Imagina que en mi “top 3” están: autonomía, aprendizaje, salud.

Tu lista y la mía son más largas. Salen multitud de valores: lealtad, honestidad, humor… (por ejemplo).

Da igual que no hagas la lista. Tú tienes ciertas cosas “que te mueven” más que otras. Ésos son tus valores. Y, cuando los conoces y los ordenas, actúan de brújula.

Como ya dijimos, los valores personales son útiles para tomar decisiones importantes (elegir pareja, ocupación, el sitio donde vivir, etc.). Pero también son una brújula para lo que hacemos a diario.

Con los valores seleccionamos nuestras prioridades

Nuestros valores nos ayudan a seleccionar qué actividades son más importantes entre la marabunta de cosas que podemos hacer a diario.

En el ejemplo, tú y yo compartimos un valor en el “top 3”: la salud. En los otros dos, diferimos. Eso hará que tú y yo, tal vez, hagamos hoy una prioridad del ejercicio físico. Pero el resto del día discurrirá de forma diferente.

Siendo consecuente con lo que más te importa, tú darás prioridad a actividades para compartir con familia y amigos. Yo no me olvidaré de éstas, pero les daré prioridad a las que van en consonancia con mi “top 3”.

El problema lo tiene quien no sabe cuáles son sus valores. Encuentra que hay muchas cosas que hacer y le es difícil seleccionar cuáles son más importantes.

Los valores dotan de sentido a la situación

Además de servir de brújula, los valores son útiles para estresarnos menos en situaciones poco apetecibles.

Ejemplo: A mí me puede frustrar estar horas leyendo un material y asimilar muy poquito. Pero le encuentro sentido a ese esfuerzo, porque lo conecto con mis valores… Ya no me siento tan fastidiada.

Otro ejemplo: Tú puedes pasarte la noche en vela cuidando de una persona que quieres. Es duro, sí. Pero, como esa acción es muy importante para ti, el estrés es más manejable.

Elegir las cosas que hacemos y saber porqué las hacemos no hará que las dificultades desaparezcan. Lo que hará es que veamos esas situaciones de otra manera, al conectarlas con lo que es importante para nosotros.

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