El resfriado que te frena en tus actividades

Una inoportuna dolencia irrumpe en tu rutina. ¡Qué fastidio! Habrás de ir más despacio y, seguramente, dejes algunas actividades en el tintero.

Un momento. ¿He dicho “inoportuna”? Las enfermedades y el malestar casi siempre son inoportunos. Aun así, hay que contar con ellos, como contamos con cualquier otro imprevisto.

El resfriado con el que no contabas

Amaneces con un trancazo impresionante y ahí están tus responsabilidades, esperándote como cuando despiertas pletórico de energía. Ellas no distinguen entre un día y otro.

malestar

Ellas, no. Pero tú, sí. Si estás que no puedes con tu vida y el médico te dice que guardes reposo, tendrás que guardar reposo.

Y, si no estás tan enfermo como para frenar del todo tus actividades, habrás de seleccionar muy bien cuáles haces, trabajar en pequeños bloques de tiempo y darte espacio para descansar y recuperarte, que es lo que necesitas.

Muchos de nosotros seguimos trabajando con el resfriado a cuestas. Total, son sólo unos días pesados. Y algunos tenemos el “gran” mérito de hacérnoslos más pesados todavía, al cargar con la frustración y la culpa de no estar avanzando lo suficiente.

¿Qué hay en el botiquín para el virus de la culpa?

Abrámoslo, a ver qué tiene…

¡Ah, sí! Dos pildoritas emocionales sin contraindicación alguna en este caso:

1. Aceptación

Tu alimentación es sana. Duermes lo que necesitas. Haces ejercicio. Te lavas las manos regularmente. Te abstienes de abrazar a personas resfriadas. Y podríamos hacer más larga la lista de precauciones… Sean las que sean, en algún momento te resfriarás o te sentirás mal por otra dolencia.

Ocurre, sin más, porque es muy difícil mantener bajo control todas y cada una de las variables que pueden desencadenar una enfermedad.

La prevención no está de más. Pero has de dejar la puerta abierta a tu humana realidad. Y los humanos, de tanto en tanto, nos indisponemos con accidentes o arrichuches variados.

Acéptalo, pues, como haces con cualquier obstáculo. Éste te hará ir más despacio o detenerte durante unos días. Y después podrás seguir con tu ritmo habitual.

2. Paciencia

Ya, ya… Te fastidia frenar y tienes la sensación de estar perdiendo el tiempo. Pero piensa que, si no frenas, puedes llevar la situación a peor y prolongar el malestar durante más días. Y entonces sí que perderás tiempo innecesariamente.

No te tortures con la idea de que después tendrás que ir a doble velocidad para ponerte al día. El estrés es un mal jarabe.

Aprovecha estos días para invertir en ti y en tu recuperación, de paso que ejercitas la paciencia. Es una oportunidad de oro para hacerlo.

Lo prioritario es tu salud. ¿Después? Encontrarás el modo de continuar con tus rutinas y retomar tus prácticas, como otras veces has hecho. 😉