Las bondades de salir a caminar

Un paseo largo y meditativo. Una marcha ágil para desperezarte. Una caminata para explorar. Una escapada a la tienda prescindiendo del coche. ¿Qué prefieres?

Yo me quedo con todo lo anterior. Quienes tenemos la oportunidad de usar las piernas, invertimos en bienestar cuando las movemos.

Para mí, éste es uno de los hábitos más beneficiosos de mi repertorio, ya que, además de ser saludable en sí mismo, incide de manera positiva en muchos otros.

Una vez leí en un comentario que caminar es “el deporte de los gordos”. Quien lo escribió dejaba caer con aquello que ésta es una actividad poco exigente.

Efectivamente, caminar no exige un gran esfuerzo. Además, es una actividad barata y poco glamurosa. Admitiendo esto, a ver cuántas actividades físicas dan tanto por tan poco.

Porque mira lo que puede darte que camines de manera regular… Hagamos un repaso de sus bondades.

caminando

Relaja la mente. Cuando estás abrumado por los problemas, caminar es un bálsamo para tu atribulada cabecita.

Y no sólo eso. Si prolongas el paseo, raro es que en el transcurso o a la vuelta del mismo, no encuentres una manera distinta de enfocar lo que te tiene preocupado.

Activa el cuerpo. Aunque sea de bajo impacto, caminar es un ejercicio físico y, como tal, sirve para desentumecer los músculos, mejorar la circulación sanguínea… y todas esas cuestiones que ya conoces.

Puedes adaptarlo fácilmente a lo que gustes; ir a 7 kilómetros por hora (marcha vigorosa) o ir a 4 (marcha moderada).

Fortalece los huesos. Es un beneficio del ejercicio físico reforzado cuando caminas bajo el suave sol de la mañana (o de la tarde), gracias a la absorción de vitamina D.

(Si estás carente de vitamina D, ahórrate comprar un suplemento en la farmacia. Pasea.)

Ayuda a respirar. Estás tenso después de varias horas resolviendo asuntos entre cuatro paredes. Tus respiraciones son cortas, poco profundas, hasta que sales al exterior y un aire fresco llena tus pulmones.

He ahí un remedio simple para sentirte mejor al instante.

Facilita la concentración. Los estudios ya han demostrado que caminar mejora la concentración, pero lo puedes comprobar por ti mismo.

Sal a caminar antes de enfrentarte a una tarea que requiera que estés metido en ella con tus cinco sentidos. Y saca tus conclusiones.

Conectas con la Naturaleza, que también tiene un efecto terapéutico para los ánimos, como bien sabes.

De paso, conoces más sobre la flora y la fauna que te rodea. ¿Cómo se llaman los árboles, arbustos o flores de los jardines por los que pasas?

Coincides con otros caminantes. Cuando caminas, puedes socializar con las personas que encuentres o no hacerlo.

Hace poco conté la historia de un grupillo de señoras “caminantas” que parecen muy felices con su rutina del paseo diario. Ellas hablan y ríen en su marcha de las mañanas.

Yo no suelo socializar demasiado cuando hago ejercicio, pero sí intercambio los típicos “buenos días” y otros comentarios con quienes encuentro en el camino.

Bien. Pues incluso esas pequeñas interacciones con los asiduos caminantes son beneficiosas para el bienestar emocional, según apuntan los estudios.

Sube los ánimos. Difícilmente vuelvas de un paseo más enfadado o triste de lo que te fuiste. Volverás más contento o, si acaso, más calmado.

Estoy muy agradecida con este hábito y no me canso de hacerle publicidad. La recompensa es sustanciosa para el esfuerzo que implica poner un pie detrás de otro. ¿No te lo parece?