De los planes a la acción. ¡Vamos!

Piensas en resolver un problema que lleva tiempo acompañándote o le das vueltas a la idea de perseguir un objetivo. Cuanto más tiempo te detengas en esta fase, menos probable es que empieces a moverte.

Las ganas iniciales se enfrían. Unas veces se extinguen por sí solas. Otras, debido a los inconvenientes que divisas, que van ganando protagonismo conforme vas enredándote en tus pensamientos.

Qué quieres y PORQUÉ

Lo más importante es tener claro QUÉ es lo que quieres y PORQUÉ. Para, a continuación, decidir cuáles son las acciones que necesitas realizar para conseguirlo.

Ahí es cuando te informas y, como es sensato, también analizas los posibles obstáculos que vas a encontrar en el camino.

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Sólo ten en cuenta que, si pasas mucho tiempo en esta fase, los obstáculos van a ir pareciendo cada vez más grandes. El miedo irá erosionando las ganas que tenías al principio, así como las razones por las que consideraste la idea.

Dejarán de parecerte tan buenas. ¿El momento? También pensarás que, quizás más adelante, sea más favorable para llevar a cabo tu proyecto.

Fija una fecha para empezar

Muy pocas veces empezamos a trabajar por un objetivo sabiéndolo todo sobre el mismo y preparados para afrontar cada obstáculo. Más bien, solemos empezar con lo que tenemos y vamos aprendiendo y resolviendo problemas sobre la marcha.

Si tú también has hecho esto otras veces, ¿por qué no ahora? ¿Son más grandes los obstáculos que las razones que te impulsan al cambio?

En caso de que las razones sean más importantes, no le des tanto tiempo al miedo para que te convenza de lo contrario. Decide qué primeras acciones vas a realizar y ejecútalas cuanto antes.

Es más, concrétalas en el calendario. Fija un día para dar ese primer paso; otro para el segundo… Porque son las acciones las que van a provocar el cambio; no que te quedes pensando en hacer tal o cual cosa.

Por el camino aprenderás; despacito, pasito a paso. Tal vez los obstáculos no sean tan grandes como habías previsto. O si lo son o descubres que, efectivamente, el momento es poco adecuado, sabrás bastante más de tu objetivo que al principio y podrás tomar una decisión más acertada.

Suele pasar. Si rumiamos en exceso los pensamientos relacionados con el cambio, es probable que resalte lo negativo y que perdamos las ganas.

¿A quién le apetece dejar lo cómodo y lo seguro para aventurarse en un terreno de incertidumbre y esfuerzo? Haría falta una buena razón para eso.

Tú la tienes. No te olvides de ella.