Ideas para forjar la disciplina que necesitas

De entrada, la disciplina es una cualidad antipática. Básicamente, consiste en controlar tu comportamiento en un momento dado, eligiendo el camino más difícil frente al camino más fácil y apetecible.

Quienes procuramos entrenarla a diario no lo hacemos por amor al sufrimiento, sino porque el camino difícil, a la larga, es más beneficioso que el camino fácil.

Consideramos la disciplina una cualidad positiva, que aumenta las posibilidades de alcanzar nuestros objetivos personales y profesionales.

La mayoría de esos objetivos involucran decisiones frecuentes, que nos dan la oportunidad de entrenar la disciplina poco a poco, día a día. Y lo hacemos con prácticas como las que vas a leer a continuación.

Decide QUÉ quieres. Esto es válido para las tareas que vayas a realizar hoy, así como para objetivos grandes.

canasta

Concéntrate. Dibuja en tu mente qué es lo que vas a hacer. Imagínate acabándolo (encestando tu tiro). Recréate en las sensaciones positivas que sientes al alcanzarlo. Y ármate de valor. El camino empieza ahora y tú vas a llegar hasta ahí.

Ponte de tu lado. Tira las etiquetas: “Ay, es muy difícil”, “No tengo ganas”, “Yo no soy así de fuerte”… o cualquier otra que esté estorbando.

Puedes. Quieres. Y vas a hacerlo. (Punto)

Descansa. Un requisito para ejercitar y fortalecer la disciplina es éste: tener energía. Respeta tus descansos, ya que sin ellos es muy difícil seguir adelante con consistencia.

Aliméntate en condiciones. También tendrás más energía si tu alimentación es sana y equilibrada.

Haz primero lo que menos te apetece. La razón es que, como tienes más energía, te será más llevadero empezarlo y dejarlo hecho. Además, la sensación de victoria sirve de impulso para hacer el resto de cosas pendientes.

Comienza por poco. Si estás verde en el entrenamiento de la disciplina, empieza por misiones pequeñas. (Por ejemplo: hacer la cama cuando te levantas, sacar la basura por la tarde, fregar los platos justo después de comer…)

Elige las tareas pequeñas que quieras y entrena la disciplina con ellas. Si vas ganando práctica con lo pequeño, menos trabajo te costará emplear disciplina después, en un reto de más entidad.

Respeta tus decisiones. Así sean pequeñas: “Sacaré la basura a las 8.” No negocies contigo mismo cuando llegue la hora y no tengas ganas de cumplir. Simplemente, hazlo. (También trabajas la autoestima con esto, ¿eh?)

Construye hábitos y rutinas. La razón es que, cuando construyes hábitos, ahorras energía. No necesitas tanta disciplina para cumplir y, por tanto, puedes dedicársela a otros menesteres.

Si hay una tarea que te cuesta horrores, sácale partido a esta idea: Elige un día y una hora y hazla siempre en ese momento. (Yo lo estoy haciendo con ir de compras: miércoles, a las 3:00 p.m.)

Prémiate por lo bien hecho. Puedes hacerlo como quieras, procurando, eso sí, que la recompensa sea proporcional al logro. Ejemplos: una horita con tu hobby, después de terminar las tareas del día o unas vacaciones, después de terminar un proyecto largo.

Y, siempre, siempre, reconoce tus esfuerzos, valora tus progresos y saborea tus avances, aun cuando al resto del mundo les sean indiferentes.

¿Un resumen de todo lo anterior? Elige hacer lo que más te beneficia (a ti y a tus objetivos) en lugar de lo que más te apetece hacer en este momento.