Lo práctico del perdón en las ofensas frecuentes

Hay una persona con la que te ves obligado a convivir por el momento. Acostumbra a realizar comentarios hirientes; supongamos que para debilitarte y que prevalezca su posición (superior) sobre ti.

Esta situación, si no tienes recursos para afrontarla, duele. Y, conforme pasa el tiempo, efectivamente, la persona “superior” consigue desgastarte.

La mejor opción, a mi modo de ver, es sacar a esta persona de tu vida. La segunda mejor, para llevarla a cabo mientras tanto y compatible con la anterior, es perdonar.

El perdón es sanísimo. Casi que beneficia más a quien lo otorga que a quien lo recibe. Porque quien lo da abandona su papel de víctima para colocarse en una posición de poder.

¿Cómo que “sanísimo”? ¿Vas a bajar la cabeza ante un comportamiento inaceptable una y otra vez? ¿Tragarte la humillación, sentir la culpa…?

preso

Pues no. Perdonar no implica que te encante que te den más palos que a una estera. En lo que consiste el perdón es en aceptar la situación como es, aunque no te haga ni pizca de gracia, para poder desvincularte de quien te ofende, que es lo que te interesa en este caso.

La cosa no es fácil. Te lo digo yo, que lo practico gracias a que en mi entorno hay una persona de éstas. Pero practicando y practicando es como uno consigue encauzar estas situaciones.

Durante años, me dolieron comentarios como: “Lo que haces es una m1erda.” “Con todo lo que yo te doy… y no sirve de nada.” Etc. (Dejemos el repertorio para no alargarnos.)

No ofende quien quiere, sino quien puede

Esta persona que te ofende lo hace con esa intención: que te afecten sus palabras. Y, cuanto más vea que te afectan, más va a insistir.

El perdón empieza por aceptar que esta persona se comporta así porque quiere. No eres tú el del problema. Es él (o ella) quien está pasándose de la raya.

Deja de esperar que cambie o que se retracte. Deja de preguntarte si tiene razón o no, porque da igual. Ese trato no te lo mereces. Y, siendo irrespetuoso, es el que él/ella ha elegido para dirigirse a ti.

Acepta su comportamiento. Y acepta que va a seguir en las mismas, ya que no da ni la menor señal de que vaya a ser de otra manera.

Verlo así, como ajeno a tu persona, te ayuda a desvincularte emocionalmente de él/ella. Es más, practicando esto llegas incluso a ver la situación de otro modo.

En mi caso, veo a un ofensor que, a pesar de sus años, sigue conduciéndose en su trato con los demás de una manera infantil. No sabe hacerlo de otro modo.

Sería absurdo, por tanto, permitir que sus berrinches infantiles me calaran. Prefiero perdonarlos. Así el agresor no me ata (que es lo que quiere). Procuro salirme del tema rápidamente, mantener la calma y no pensar en sus palabras. (Funciona bien en mi situación.)

Olvidar sus comentarios, no. Eso es otro cantar. A mí no me gusta convivir con personas que recurren a estas mañas. En cuanto esté en disposición de hacerlo, la desvinculación emocional será también física.

¿Cómo manejas tú estas situaciones? ¿Te desvinculas de las agresiones verbales y de quienes las profieren?
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