Cuesta trabajo. Buena señal.

¿Qué satisfacción hay en lo que se consigue fácil? ¿Cuánto aprendes? ¿Cuánto progresas?

Hay opciones fáciles que son preferibles a las difíciles. Claro que sí. Para qué complicarse la vida con florituras, cuando la situación demanda una respuesta rápida y sencilla.

Las que ensalzamos hoy son las opciones difíciles que desembocan en una alegría profunda. Ahí están, entre nuestros quehaceres cotidianos.

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Cuesta trabajo madrugar. Cuesta trabajo enfrentarse a una tarea enrevesada o larga. Cuesta trabajo templar los ánimos, cuando un individuo se empeña en que perdamos la paciencia. Es duro.

Pero, que cueste trabajo, es buena señal. La reticencia inicial indica que te estás saliendo de la zona de confort. Y fuera de esta zona es donde tienen lugar el aprendizaje y los logros.

Cuando le huyes a lo difícil, también estás huyéndole a la oportunidad de avanzar y de sentirte contento contigo mismo por ese avance.

No has llegado hasta aquí haciendo sólo lo fácil. No has conseguido lo tuyo eligiendo siempre la opción más cómoda. Por tanto, sabes de lo que te hablo.

Hacer lo difícil te ha dado alegrías y te las seguirá dando. Te ha hecho ganar en confianza. Te ha dado oportunidades para aprender y crear cosas nuevas.

Así que, si la opción fácil es la que pide la situación, adelante. Pero, cuando sea la opción difícil la que más conviene a tus intereses, ¡a por ella! Sin atajos.

Porque ya te consta la fuerza y la satisfacción que respiras cuando sales airoso de una situación que cuesta trabajo. Esta alegría profunda no la brindan las opciones fáciles. ¿O sí? ¿Qué piensas tú?